Navidad y paz: lo que los jóvenes mexicanos queremos encontrar bajo el árbol en 2025

En estas fechas, las calles se iluminan con luces de colores, las vitrinas prometen el regalo perfecto y las familias se reúnen alrededor de una mesa que, para muchos, representa un esfuerzo económico considerable. Pero mientras México se viste de fiesta, millones de jóvenes miramos el árbol navideño con una pregunta incómoda: ¿qué regalos nos ha dejado realmente el país este 2025?

No hablo de consolas de videojuegos ni de ropa de moda. Hablo de oportunidades reales, de empleos dignos, de seguridad para caminar sin miedo, de un futuro que no parezca una lotería. Porque la verdad es que, para la juventud mexicana, la Navidad de 2025 llega envuelta en un papel brillante que esconde una realidad compleja y, muchas veces, frustrante.

Según datos recientes del INEGI, más del 55% de los jóvenes entre 15 y 29 años trabajan en la informalidad. Eso significa que más de la mitad de nosotros no tienen aguinaldo navideño, no cuentan con seguro social y viven al día. Mientras las tiendas departamentales nos bombardean con promociones de “compra ahora, paga después”, muchos jóvenes se preguntan cómo van a pagar el enero que ya se asoma, ese mes que históricamente golpea con mayor fuerza a quienes menos tienen.

La Navidad, con toda su magia y tradición, también funciona como un espejo implacable de nuestras desigualdades. En estas fechas se hacen más evidentes las brechas: entre quienes pueden estrenar y quienes apenas logran reunirse para una cena modesta; entre quienes planean viajes y quienes deben trabajar dobles turnos para completar el gasto navideño; entre la imagen de prosperidad que proyectan las redes sociales y la cruda realidad de millones de hogares mexicanos.

Pero si hay algo que caracteriza a nuestra generación es la capacidad de mirar la realidad de frente sin perder la esperanza. Por eso, quiero aprovechar esta temporada para hacer una carta navideña diferente. No al Niño Dios ni a Santa Claus, sino a México: al país que queremos construir, a las instituciones que deben respondernos, a la sociedad que necesita escucharnos.

Lo primero que queremos encontrar bajo el árbol es empleo digno. No más promesas de “ganar experiencia” trabajando gratis, no más jornadas extenuantes por salarios que no alcanzan ni para la renta. La juventud requieren empleos formales, con prestaciones, que nos permitan proyectar un futuro, formar una familia, aspirar a una vivienda propia. El derecho al trabajo digno no es un lujo, es una necesidad básica que México debe garantizar a su juventud.

El segundo regalo que se necesita es educación de calidad y accesible. Una educación que responda a las demandas del siglo XXI, que nos prepare para la economía digital, que fomente el pensamiento crítico y la innovación. Pero también una educación a la que todos podamos acceder, sin que el código postal determine nuestras oportunidades. La deserción escolar por falta de recursos no puede seguir siendo una realidad normalizada en nuestro país.

El tercer regalo, quizá el más urgente, es seguridad y paz. Queremos salir a la calle sin miedo, queremos que nuestros hermanos menores crezcan en comunidades seguras, queremos que la violencia deje de ser la banda sonora de nuestra juventud. En este sentido, es importante reconocer los esfuerzos que se están realizando desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Se han reportado avances importantes: una reducción del 37% en homicidios dolosos, el desmantelamiento de 1,700 laboratorios clandestinos de metanfetamina, y más de 600 personas detenidas por extorsión en 22 entidades federativas. Estos números representan vidas salvadas y familias que pueden dormir un poco más tranquilas.

Sin embargo, los jóvenes sabemos que la cultura de paz no se construye solo con discursos ni únicamente con operativos policiales. Se construye con políticas públicas integrales, con oportunidades reales que alejen a los jóvenes de la criminalidad, con justicia que llegue a todos por igual, y con la reconstrucción del tejido social que la violencia ha fragmentado.

También pedimos participación real en las decisiones que nos afectan. Ya no queremos ser solo el “futuro de México”, queremos ser el presente. Necesitamos espacios genuinos de incidencia política, donde nuestras voces sean escuchadas y tomadas en cuenta. Porque somos nosotros quienes viviremos las consecuencias de las decisiones que hoy se toman.

Y finalmente, queremos un México que crea en nosotros. Que deje de vernos como un problema o como mano de obra barata, y nos reconozca como agentes de cambio, como innovadores, como constructores de paz. Que invierta en nuestro talento, que apoye nuestras iniciativas, que nos dé las herramientas para transformar este país.

Sé que estos regalos no vienen en cajas con moños. No se compran en Amazon ni llegan por mensajería. Requieren voluntad política, compromiso social y trabajo colectivo. Pero es justamente ahí donde reside la magia de la verdadera Navidad: en nuestra capacidad de reunirnos, de dialogar, de construir juntos a pesar de las diferencias.

Esta Navidad 2025, mientras compartimos con nuestras familias, los jóvenes mexicanos no renunciamos a la esperanza. Sabemos que el cambio es posible porque lo estamos construyendo desde nuestras organizaciones, desde nuestros colectivos, desde nuestras comunidades. Pero también sabemos que no podemos hacerlo solos.

Así que esta es nuestra carta navideña a México: no queremos más promesas envueltas en papel bonito. Queremos acciones concretas, políticas públicas efectivas y un compromiso real con nuestra generación. Porque los jóvenes no somos el futuro, somos el ahora. Y el ahora nos está pidiendo a gritos un país más justo, más pacífico y con oportunidades reales para todos.

Que esta Navidad nos encuentre construyendo puentes en lugar de muros, tendiendo manos en lugar de señalar con el dedo, y creyendo que otro México es posible. Porque si hay algo que esta generación ha demostrado es que, incluso en la adversidad, no perdemos la capacidad de soñar con un país mejor.

Agradezco a todas y todos los servidores públicos que, con apertura y compromiso, han hecho posible el trabajo conjunto para cerrar la brecha generacional, fortaleciendo el diálogo y la colaboración en favor de la juventud.

Feliz Navidad, México. Que el 2026 nos traiga, por fin, esos regalos que tanto necesitamos.


Gabriela Núñez
Analista y Presidenta de Jóvenes ASECEM

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