Emprender chico, ganar estable

En el imaginario colectivo mexicano, emprender suele asociarse con grandes inversiones, oficinas relucientes o la promesa de convertirse en unicornio. Sin embargo, en las ciudades medias del país está ocurriendo un fenómeno más silencioso y, paradójicamente, más sólido: Los microemprendimientos urbanos que, sin hacer ruido, están generando ingresos constantes y sostenibles para miles de familias. No son negocios que aspiren a crecer exponencialmente, sino proyectos pensados para durar, resistir crisis y adaptarse al ritmo real del consumo local.
Ciudades como: Toluca, Querétaro, Mérida, Aguascalientes, León o Xalapa ofrecen un ecosistema particular. No tienen los costos extremos de las grandes metrópolis, pero sí una masa crítica de consumidores con hábitos urbanos, acceso digital y necesidades cotidianas claras. En ese contexto, el microemprendimiento bien enfocado se convierte en una respuesta al desempleo y a la volatilidad del empleo formal.
¿Qué negocios están funcionando? Primero, los servicios personales especializados. Desde barberías de autor y estudios de uñas hasta fisioterapia a domicilio, entrenamiento personalizado o reparación de dispositivos electrónicos. Son actividades con baja inversión inicial, alta rotación de clientes y un valor central: la confianza. En ciudades medias, la recomendación boca a boca sigue siendo un activo poderoso, amplificado hoy por WhatsApp y redes sociales locales.
Segundo, la comida preparada a pequeña escala. No hablamos de restaurantes tradicionales, sino de cocinas ocultas, repostería casera, menús ejecutivos por suscripción o venta de alimentos funcionales. Estos proyectos han aprendido a controlar costos, producir bajo pedido y apoyarse en plataformas digitales sin depender totalmente de ellas. El resultado es flujo constante, márgenes moderados y menor riesgo operativo.
Un tercer grupo clave son los microservicios para otros negocios: diseñadores gráficos freelance, contadores independientes, técnicos en sistemas o gestores de trámites. En ciudades medias, muchas pymes no pueden pagar despachos grandes, pero sí servicios puntuales y recurrentes. Ahí se abre una oportunidad para profesionales que prefieren estabilidad mensual a contratos gigantes pero esporádicos.
La clave del éxito no está solo en el qué, sino en el cómo. Estos emprendimientos entienden que ganar estable es más importante que crecer rápido. Ajustan su tamaño a la demanda real, evitan endeudarse en exceso y priorizan la liquidez. Muchos operan desde casa, reducen gastos fijos y reinvierten de manera conservadora. No buscan dominar el mercado, sino asegurar ingresos previsibles mes a mes.
También hay un cambio cultural relevante. El microemprendedor urbano ya no ve su negocio como un “mientras tanto”, sino como una estrategia de vida. Valora el control de su tiempo, la cercanía con el cliente y la posibilidad de resistir choques económicos. En un país donde la informalidad sigue siendo alta, estos proyectos, incluso cuando no están plenamente formalizados, funcionan con lógica empresarial clara.
Desde una perspectiva económica, estos microemprendimientos cumplen una función estabilizadora. Generan autoempleo, activan economías de barrio y reducen la dependencia de grandes empleadores. No aparecerán en rankings de innovación, pero sostienen consumo, pagan servicios y mantienen circulando el dinero local.
Emprender chico, en las ciudades medias de México, no es resignarse a poco. Es apostar por lo posible, por lo constante y por lo real. En tiempos de incertidumbre, ganar estable puede ser el verdadero lujo empresarial. Actuario Salvador Estrada. Ex banquero con 30 años de trabajo. Emprendedor y deportista.

Fb: Salvador Estrada. Página Fb : Salvador Estrada Arellano. @salvadorestrada99

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