La economía mundial inicia 2026 bajo un clima de incertidumbre estructural, de acuerdo con el más reciente reporte de economistas del Foro Económico Mundial (WEF), publicado en la antesala de su reunión anual en Davos, Suiza. Aunque el escenario global muestra cierta mejora frente a finales de 2025, los expertos coinciden en que los riesgos siguen superando a las certezas y que el crecimiento económico enfrenta presiones múltiples y simultáneas.
El informe señala que factores como el incremento sostenido de la deuda pública, las tensiones geopolíticas, la fragmentación del comercio internacional y los desafíos derivados de la transición tecnológica, particularmente en torno a la inteligencia artificial, podrían debilitar el desempeño económico global durante este año. Si bien el porcentaje de economistas que anticipan un deterioro se redujo respecto al cierre del año pasado, más de la mitad de los consultados aún prevé un entorno económico frágil.
Uno de los principales focos de preocupación es la deuda soberana, que limita el margen de maniobra de los gobiernos para responder a nuevas crisis económicas o sociales. En varias economías, el endeudamiento elevado se combina con presiones inflacionarias persistentes y con la necesidad de mantener políticas monetarias restrictivas, lo que frena la inversión y el consumo.
A ello se suma un contexto geopolítico marcado por conflictos regionales, disputas comerciales y una creciente desglobalización selectiva, donde los países priorizan bloques estratégicos y cadenas de suministro más cerradas. Esta dinámica, advierte el WEF, podría afectar el comercio internacional, elevar costos y reducir el crecimiento, especialmente en economías emergentes altamente dependientes de exportaciones.
El reporte también destaca el papel ambivalente de la inteligencia artificial y la digitalización. Por un lado, estas tecnologías representan una oportunidad para aumentar la productividad y la competitividad; por otro, plantean riesgos asociados al empleo, la desigualdad y la regulación, especialmente en países que no logren adaptarse con rapidez a los cambios tecnológicos.
De cara a Davos 2026, el Foro Económico Mundial subraya que gobiernos, empresas e instituciones financieras deberán actuar con cautela estratégica, equilibrando la gestión de riesgos con la identificación de oportunidades de crecimiento sostenible. La cooperación internacional, la estabilidad financiera y una transición tecnológica inclusiva aparecen como elementos clave para evitar que la desaceleración económica se convierta en un ciclo prolongado de estancamiento.
En síntesis, la economía global no se encuentra al borde de una crisis inmediata, pero sí transita por un terreno inestable que exigirá decisiones políticas y económicas más coordinadas, prudentes y de largo plazo.

