Por Gaby Núñez
Líder empresarial y analista joven | Presidenta de Jóvenes ASECEM


I. DESPIERTA: El Enemigo Interno
La Barrera Invisible
Existe una trampa que no aparece en los diagnósticos empresariales ni en los análisis políticos sobre juventud en México: el mayor obstáculo para el liderazgo joven no siempre es el sistema, ni la “vieja guardia”, ni la falta de oportunidades. Es algo mucho más insidioso: las narrativas falsas que hemos internalizado como verdades absolutas.
Le llamo el Síndrome del Impostor Colectivo. No es solo que tú te sientas insuficiente; es que toda una generación está operando desde la creencia de que no está lista, de que le falta algo, de que debe esperar permiso. Mientras tanto, espacios críticos de decisión en cámaras empresariales, gobiernos locales y organizaciones civiles quedan vacíos o son ocupados por personas menos capaces pero más decididas.
Estos mitos no son inocentes. Son frenos invisibles que nos mantienen pequeños, ineficaces y, sobre todo, cómodos. Porque creerlos nos libera de la responsabilidad de actuar. Si “no estoy listo”, entonces no puedo fallar. Si “necesito más preparación”, entonces mi inacción está justificada. Es cobardía disfrazada de prudencia.
El Costo de Creerlos
Los números no mienten. Según datos del INEGI, México tiene 37.5 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, representando casi el 30% de la población. Sin embargo, en las cámaras empresariales, menos del 5% de los cargos directivos están ocupados por menores de 35 años. En gobiernos locales, la representación juvenil es aún más baja. En consejos de administración de empresas medianas y grandes, casi inexistente.
¿Por qué? No es falta de talento. Es que mientras los jóvenes capaces esperan sentirse “suficientemente preparados”, otros menos capaces pero sin esos frenos mentales están tomando esos espacios. Cada silla vacía por un joven temeroso es una silla ocupada por alguien que perpetúa el statu quo.
Validación
Aquí está la verdad que nadie te dice: es absolutamente normal sentir miedo. Es normal dudar de tu capacidad. Es normal preguntarte si mereces estar en esa mesa. Lo que NO es normal —y tampoco es aceptable— es dejar que ese miedo dicte tu agenda de vida.
El miedo es información, no instrucción. Te dice dónde debes prepararte mejor, no que debas renunciar. La diferencia entre quienes lideran y quienes observan no es la ausencia de miedo, es la disposición a actuar a pesar de él.
II. EQUIPA: Desmantelando los 5 Mitos
Mito 1: La Experiencia como Requisito – “Necesito canas para liderar”
La Mentira: No puedes liderar proyectos importantes hasta tener 10+ años de experiencia. Debes esperar tu turno, pagar tus cuotas, ganarte el derecho desde abajo.
La Realidad: La experiencia suma, pero la adaptabilidad tecnológica y la energía multiplican. En un mundo que cambió radicalmente en los últimos cinco años —con IA, automatización, nuevas formas de trabajo remoto— muchas de las “experiencias” de hace una década son obsoletas.
Los jóvenes líderes traen lo que las generaciones anteriores no tienen: fluidez nativa con tecnología, capacidad de aprender rápido, ausencia de apego a “cómo se ha hecho siempre”. Eso no es inexperiencia, es adaptabilidad. Y en contextos de cambio acelerado, la adaptabilidad vale más que la experiencia repetitiva.
Mark Zuckerberg no necesitó 20 años de experiencia en redes sociales para crear Facebook a los 19. Greta Thunberg no necesitó ser científica climática para movilizar millones de jóvenes en defensa del planeta. Lo que necesitaron fue claridad de propósito y disposición a ejecutar.
Mito 2: El Mito del “Turno” – “Debo esperar mi turno”
La Mentira: Hay una fila ordenada. Si eres paciente y te portas bien, eventualmente te tocará tu oportunidad de liderar. Es cuestión de esperar.
La Realidad: En un mundo exponencial, no hay fila; hay iniciativa. El turno es de quien lo toma. Las oportunidades no se forman en orden cronológico esperando que les llegue su momento. Las oportunidades las crea quien identifica un problema y propone una solución antes que nadie.
Mientras tú esperas “tu turno” en una organización tradicional, alguien más está fundando la empresa que hará obsoleta esa organización. Mientras esperas el ascenso programado, alguien más está construyendo la plataforma que eliminará ese puesto. El mundo no premia la paciencia, premia la ejecución.
Esto no significa ser irrespetuoso con quienes tienen más experiencia. Significa entender que el respeto se demuestra colaborando, no esperando pasivamente.
Mito 3: El Mito de los Recursos – “Necesito dinero o apellido”
La Mentira: Si no naciste en familia con dinero o conexiones, tus opciones de liderazgo están limitadas. El capital económico o el apellido son requisitos para entrar al juego.
La Realidad: El capital más valioso hoy es el Capital Social (networking) y la capacidad de gestión. Y ambos se construyen, no se heredan.
Sí, es más fácil empezar con recursos. Pero la historia empresarial y social de México está llena de líderes que construyeron desde cero: emprendedores que arrancaron negocios con $5,000 pesos y hoy emplean a cientos de personas, activistas que movilizaron causas nacionales desde colectivos barriales, funcionarios públicos que llegaron a posiciones de decisión sin apellidos conocidos pero con capacidad de gestión probada.
El dinero facilita, pero no determina. Las conexiones abren puertas, pero tú decides qué hacer una vez adentro. Si gastas tu energía lamentando lo que no tienes en lugar de maximizar lo que sí tienes —tu tiempo, tu energía, tu capacidad de aprender— ya perdiste.
Mito 4: El Mito de la Apatía – “A los jóvenes no les interesa”
La Mentira: Los jóvenes son apáticos, no les interesa la política, los negocios, las causas sociales. Solo quieren likes y entretenimiento.
La Realidad: Nos interesa profundamente, pero no en los formatos viejos y aburridos. No queremos protocolos vacíos, queremos causas con impacto medible. No queremos ser espectadores de discursos inspiracionales, queremos ser protagonistas de soluciones concretas.
La generación actual de jóvenes es la más educada, la más conectada y la más consciente de las crisis sistémicas que enfrenta el país. El problema no es falta de interés, es desconexión con las estructuras tradicionales que operan con lógicas obsoletas.
Cuando se nos presenta un proyecto con propósito claro, métricas de impacto y espacio real de decisión, la respuesta juvenil es masiva. El problema es que la mayoría de las “oportunidades de liderazgo joven” son tokenismo: cargos sin poder real, comités sin presupuesto, nombramientos decorativos para las fotos institucionales.
Mito 5: El Mito de la “Suciedad” – “La política/empresa es sucia, mejor no me meto”
La Mentira: Los espacios de poder —empresarial, político, social— están corrompidos. Meterse es mancharse. Mejor quedarse fuera y mantener las manos limpias.
La Realidad: Los espacios vacíos los ocupan los corruptos. Involucrarse no es mancharse, es un acto de defensa propia. Si los jóvenes con ética, preparación y propósito se niegan a ocupar espacios de decisión, esos espacios no quedan vacíos: los llenan quienes no tienen esos escrúpulos.
La lógica de “no me meto porque está sucio” es privilegio disfrazado de pureza moral. Es decir: “Yo puedo darme el lujo de no participar porque las consecuencias de la corrupción no me afectan tan directamente”. Pero millones de mexicanos no tienen ese lujo. Para ellos, la corrupción significa no tener medicinas en el hospital público, significa escuelas sin recursos, significa violencia sin consecuencias.
Involucrarse desde la ética no garantiza que no te equivoques o que no enfrentes resistencia. Pero abstenerse sí garantiza que nada cambie.
La Última Verdad
Estos cinco mitos no desaparecerán solos. Volverán cada vez que enfrentes una decisión difícil, cada vez que una oportunidad te asuste, cada vez que el fracaso parezca posible. Esa es su naturaleza: son mecanismos de defensa psicológica contra la incomodidad del riesgo.
Pero ahora los conoces. Y conocerlos te da poder sobre ellos. La pregunta no es si estos mitos te han limitado hasta hoy. La pregunta es: ¿cuánto tiempo más vas a permitir que lo sigan haciendo?
México no puede darse el lujo de esperar a que te sientas completamente listo. Necesita tu liderazgo imperfecto, tu iniciativa temerosa, tu compromiso vulnerable. Necesita que empieces ahora, no cuando todos los miedos desaparezcan.
Porque los miedos nunca desaparecen. Solo aprendemos a actuar a pesar de ellos.
