​El Epitafio del Ego: Por qué tu soberbia es el virus que matará tu imperio.

​Por: Annie Hernández G.
Consultora Empresarial.

​El éxito es el ecosistema más peligroso para los mediocres de espíritu. Existe una patología silenciosa que ataca a quienes alcanzan la cima sin haber cultivado la integridad: el delirio de la autosuficiencia. Hemos sido testigos de grandes proyectos, maquinarias de innovación con el potencial de transformar industrias- colapsar no por falta de capital, ni por la presión del mercado, sino por la combustión espontánea del ego de sus protagonistas. Es el autosabotaje del “invencible”.
​Cuando un individuo alcanza la cúspide, se enfrenta a un espejo deformante.

La adulación externa actúa como un velo que oculta una verdad incómoda: nadie sube solo. Sin embargo, en la embriaguez del triunfo, el líder intoxicado de soberbia empieza a creer que el éxito es un atributo de su ADN y no el resultado de una orquestación colectiva.

En ese instante, cuando decides que el equipo es prescindible y que su brillo es puramente propio, el proyecto deja de ser una visión para convertirse en una cuenta regresiva hacia el olvido.

​El Cáncer de la Cúpula:

Del Emprendedor al Político
​Este fenómeno no discrimina sectores; es una tragedia humana que se repite con una regularidad pasmosa en las esferas de mayor influencia. En la clase política, lo vemos en aquellos que, tras ganar una elección, incineran los puentes con las bases que los cargaron hasta la silla. Se encierran en torres de marfil, rodeados de cortesanos que validan sus errores, hasta que la desconexión con la realidad demuele su carrera.

En la cúpula empresarial, el síntoma es la deshumanización: ejecutivos que tratan a sus colaboradores como activos amortizables, olvidando que el valor real lo generaron quienes operan en el anonimato. Pero quizás el caso más insidioso ocurre en el emprendimiento emergente. Emprendedores que, al primer destello de éxito o ronda de inversión, desarrollan una soberbia que no tolera la disidencia. Al creer que ya “llegaron”, dejan de caminar con quienes los impulsaron y comienzan a dictar órdenes desde un pedestal de barro. En todos los casos, el patrón es idéntico: el éxito llega, el ego se hipertrofia y el respeto se evapora.

​La Gratitud como Activo Estratégico
​Aquí reside el punto de quiebre: la incapacidad de agradecer. El agradecimiento no es un gesto de cortesía social; es un reconocimiento de la estructura de la realidad. Quien no agradece, no entiende cómo funciona el poder sostenible. Uno debe agradecer siempre, sin excepciones, a quienes tendieron la mano cuando el proyecto era solo una idea frágil. Reconocer que esas personas fueron y son parte fundamental de nuestro crecimiento no nos resta autoridad; nos otorga legitimidad.

​La gratitud es el antídoto más potente contra el egocentrismo. Si hoy estás en la punta, es porque alguien cuidó la retaguardia, alguien pulió tus errores y alguien creyó en ti cuando no tenías métricas que mostrar. Olvidar esto no es solo una falta ética, es un error de cálculo financiero y reputacional.

​El Escudo del Guía: La Necesidad del Experto
​Ante este riesgo latente, la inteligencia dicta que el líder no puede ser su propio juez. Quien navega en la cima necesita, por diseño, rodearse de un experto, un mentor o un asesor estratégico que lo guíe. No se trata de alguien que valide su genialidad, sino de alguien con la autoridad moral para confrontarlo antes de que acabe con lo que tanto le costó construir.

​Un guía experto actúa como un ancla de realidad. En un mundo donde la soberbia es el camino más corto al fracaso, invertir en un profesional que te ayude a gestionar tu propio éxito es el seguro de vida más barato que puedes contratar. Sin ese contrapeso, “el líder está condenado a ser víctima de su propia narrativa interna, esa que le dice que es invencible justo antes de la caída”.

Tres Anclas de Realidad.

​Para ti lider que deseas que tu éxito no sea un fenómeno pasajero, sino un legado, propongo estos tres pilares de higiene ética:

1.-​Establece un “Interventor de Ego”: Contrata a un consultor o mentor externo cuya función sea cuestionar tus decisiones y señalar tus puntos ciegos. Quien no escucha la crítica profesional, terminará escuchando el silencio del fracaso.

2.-​Ejecuta una “Auditoría de Gratitud”: Identifica los hitos de tu carrera y reconoce públicamente a los artífices silenciosos de esos logros. La marca personal más sólida es la que se construye sobre el respeto mutuo.

3.-​Regresa al Suelo: No dirijas solo desde el balcón. Interactua con la base operativa del proyecto. Recuerda el peso del trabajo diario es la única forma de evitar que la soberbia te eleve a una altura donde el oxígeno de la realidad ya no llega.

​Conclusión:
​ El éxito sin gratitud y sin guía es solo una forma elegante de colapsar.
​Tener los pies en la tierra no significa pensar en pequeño, significa tener la base lo suficientemente sólida para que el viento de la cima no te derribe. Reconstruye tus puentes hoy mismo, y debemos entender que el respeto no es negociable. Al final del día, tu verdadera marca personal no se mide por cuántas personas estan alrededor sino cuantas fidelizan y creen en ti.

Annie Hernández G. -Especialista en Posicionamiento de Liderazgo y Marca Personal Estratégica.
Facebook: Annie Hernandez G.

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