
En el Estado de México, hablar de competitividad empresarial ya no es una alternativa ni un discurso aspiracional: es una condición indispensable para la permanencia, el crecimiento y la contribución real de las empresas al desarrollo de nuestra entidad. En un entorno económico cada vez más dinámico, tecnológico y globalizado, los empresarios mexiquenses estamos llamados no solo a reaccionar ante los cambios, sino a anticiparlos, liderarlos y convertirlos en oportunidades de crecimiento sostenible.
Ser competitivos implica mucho más que mejorar indicadores financieros o incrementar la participación en el mercado. Significa transformar nuestra forma de gestionar, producir, innovar y relacionarnos con nuestro entorno. Significa profesionalizar nuestros procesos, fortalecer la planeación estratégica, elevar la calidad de nuestros productos y servicios, y asumir una visión de largo plazo que garantice la continuidad de nuestras empresas en un contexto cada vez más exigente.
La competitividad también es una decisión ética. Hoy, competir implica operar con legalidad, transparencia y responsabilidad social. Implica reconocer que el éxito empresarial no puede construirse al margen de la comunidad, del medio ambiente ni de las instituciones. Un empresariado competitivo es aquel que entiende que su crecimiento debe ir acompañado de prácticas responsables, de empleos dignos y de un compromiso genuino con el desarrollo regional.
El impacto de la competitividad empresarial trasciende las paredes de cada empresa. Cuando una organización logra consolidarse, innovar y crecer, genera empleos formales, fortalece la economía local, impulsa el consumo responsable y contribuye a la estabilidad social. En un estado tan diverso, dinámico y productivo como el Estado de México, el papel del sector empresarial es determinante para atraer inversión, retener talento, desarrollar proveedores locales y consolidar cadenas de valor que beneficien directamente a miles de familias mexiquenses.
Nuestro estado cuenta con una ubicación estratégica, una infraestructura relevante y un capital humano valioso. Sin embargo, estos factores por sí solos no garantizan el desarrollo. Es la capacidad de nuestras empresas para adaptarse, modernizarse y elevar su nivel de competitividad lo que marca la diferencia entre el estancamiento y el crecimiento sostenido. Hoy más que nunca, el reto es aprovechar estas ventajas para posicionar al Estado de México como un referente nacional de productividad, innovación y responsabilidad empresarial.
Como empresarios, debemos asumir que la competitividad se construye todos los días. Se construye invirtiendo de manera permanente en capacitación y desarrollo del talento. Se construye incorporando tecnologías que permitan optimizar procesos, reducir costos, mejorar la trazabilidad y responder con mayor rapidez a las demandas del mercado. Se construye apostando por la digitalización, la automatización y la innovación como herramientas para elevar la productividad y abrir nuevas oportunidades de negocio.
Pero también se construye fortaleciendo una cultura organizacional basada en la mejora continua, el trabajo en equipo y la toma de decisiones informadas. La competitividad no depende únicamente de la infraestructura o del tamaño de la empresa; depende, sobre todo, de la visión de sus liderazgos, de la capacidad de adaptación de sus equipos y de la disposición para transformar aquello que ya no responde a las nuevas realidades económicas.
Asimismo, es indispensable fomentar la legalidad como base de un entorno empresarial sano. La competencia justa, el cumplimiento de las obligaciones fiscales y laborales, y la transparencia en las operaciones no son obstáculos para el crecimiento; por el contrario, son condiciones esenciales para generar confianza, atraer inversión y construir mercados más sólidos y estables. Un entorno empresarial ordenado y confiable beneficia a todas las empresas, sin importar su tamaño o sector.
La competitividad también exige una relación más cercana y colaborativa con las autoridades y con la sociedad civil. El desarrollo económico no puede lograrse de manera aislada. Es fundamental construir espacios de diálogo, coordinación y corresponsabilidad que permitan mejorar la regulación, simplificar trámites, fortalecer la seguridad, impulsar la capacitación y promover políticas públicas orientadas al crecimiento productivo y a la generación de empleo.
Desde la Asociación de Empresarios y Ciudadanos del Estado de México creemos firmemente que un empresariado unido, profesional y comprometido es un factor estratégico para el futuro de nuestra entidad. Nuestro compromiso es seguir impulsando la capacitación, el intercambio de buenas prácticas, la vinculación entre empresas y la construcción de una agenda común que fortalezca la competitividad regional.
Reiteramos nuestra convicción de que solo a través de un empresariado competitivo, responsable y con visión de largo plazo podremos construir un Estado de México más fuerte, más atractivo para la inversión, con mayores oportunidades para nuestras y nuestros jóvenes, y con mejores condiciones de vida para las familias mexiquenses.
La competitividad no es una meta que se alcanza una sola vez. Es un compromiso permanente con la excelencia, con la innovación y con el desarrollo de nuestra comunidad.
Por un Estado de México más competitivo
Mtro. Raul Chaparro R.
Presidente de ASECEM Nacional
