Por: Mtro. Raúl Chaparro R.
Presidente de ASECEM Nacional y especialista en competitividad empresarial.


En los últimos años, hablar de crecimiento económico en México se ha vuelto un ejercicio lleno de matices. No basta con observar indicadores macroeconómicos o celebrar variaciones marginales en el producto interno bruto. El verdadero crecimiento es aquel que se siente en la calle, en las fábricas, en los comercios y en las oportunidades reales para millones de familias que buscan estabilidad, empleo y futuro.
Desde la perspectiva empresarial, el crecimiento económico significa condiciones adecuadas para invertir, producir y generar valor. Significa reglas claras, instituciones sólidas y un entorno donde el esfuerzo del emprendedor no se convierta en una carrera llena de obstáculos administrativos, inseguridad o incertidumbre jurídica.
En el Estado de México, una de las regiones industriales más importantes del país, esta conversación adquiere un significado especial. Aquí miles de pequeñas, medianas y grandes empresas sostienen cadenas productivas que dan empleo a millones de personas y dinamizan la economía nacional.
Sin embargo, el potencial económico de nuestra entidad no puede darse por sentado. El crecimiento sostenible requiere una alianza permanente entre gobierno, sector productivo y sociedad. Cuando uno de estos pilares falla, la economía se ralentiza y las oportunidades se reducen.
Los empresarios sabemos que invertir implica riesgo, pero también sabemos que el riesgo aumenta cuando faltan condiciones básicas para competir. La seguridad, la infraestructura, la energía, el agua y la certeza jurídica no son privilegios para las empresas; son requisitos mínimos para que exista desarrollo.
Cuando una región logra crear un entorno favorable para la inversión, el crecimiento comienza a multiplicarse. Una empresa que se expande contrata más trabajadores. Un nuevo negocio abre oportunidades para proveedores locales. Una industria que innova eleva la competitividad de toda la región.
Por eso es fundamental entender que el crecimiento económico no se decreta, se construye. Se construye con políticas públicas responsables, con inversión productiva, con educación de calidad y con una visión de largo plazo que permita planear el desarrollo de nuestras ciudades y de nuestra industria.
También se construye reconociendo el papel de los emprendedores, de los trabajadores y de las comunidades que sostienen la actividad económica todos los días. El crecimiento auténtico no es el que se concentra en unos cuantos sectores, sino el que se distribuye en oportunidades para más personas.
Desde la Asociación de Empresarios y Ciudadanos del Estado de México creemos firmemente que el diálogo entre autoridades y sector productivo es indispensable. Cuando las decisiones públicas escuchan a quienes generan empleo, las políticas económicas se vuelven más realistas, más eficientes y más cercanas a la realidad del mercado.
Pero el crecimiento económico también exige responsabilidad empresarial. Las empresas no solo generan utilidades; generan empleos, pagan impuestos, forman talento y contribuyen al bienestar de sus comunidades. Una economía fuerte necesita empresas competitivas, pero también empresas comprometidas con su entorno.
Hoy México tiene una oportunidad histórica para fortalecer su crecimiento económico. La relocalización de cadenas productivas, el dinamismo del mercado interno y la capacidad de nuestra industria pueden convertir al país en uno de los polos de inversión más importantes del continente.
Para lograrlo necesitamos visión, coordinación y confianza. Visión para planear el futuro industrial de nuestras regiones. Coordinación para que los distintos niveles de gobierno trabajen en la misma dirección. Y confianza para que los empresarios sigan apostando por México.
En el Estado de México sabemos que cuando hay inversión hay empleo, y cuando hay empleo hay estabilidad social. Cada fábrica que abre, cada comercio que crece y cada emprendedor que inicia un proyecto representa una historia de esfuerzo que fortalece nuestra economía.
El reto es claro: debemos acelerar el crecimiento sin perder de vista la inclusión y la sostenibilidad. Crecer no significa solamente producir más, sino producir mejor, con mayor productividad, con innovación y con oportunidades para las nuevas generaciones.
Si queremos un país más próspero, debemos apostar por la competitividad, la educación técnica, la infraestructura logística y el fortalecimiento del mercado interno. Solo así podremos transformar el potencial económico en bienestar tangible para millones de mexicanos.
El crecimiento económico debe ser una causa compartida. Gobierno, empresarios y sociedad tenemos la responsabilidad de construir un entorno donde invertir, trabajar y emprender sea sinónimo de progreso.
Porque al final del día, detrás de cada indicador económico hay personas. Hay trabajadores que buscan un salario digno, familias que desean estabilidad y jóvenes que esperan oportunidades para desarrollar su talento.
Impulsar el crecimiento económico significa, en esencia, construir un futuro con más oportunidades. Ese es el compromiso que desde el sector empresarial seguiremos defendiendo: trabajar, invertir y colaborar para que la economía crezca y para que ese crecimiento llegue a todos.
Solo con crecimiento sostenido, inversión productiva y confianza en nuestras capacidades podremos consolidar una economía dinámica, capaz de generar prosperidad, empleo formal y desarrollo duradero para las próximas generaciones de nuestro país adelante.
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