
BEIRUT / TEL AVIV – Mientras el mundo celebra el alto al fuego de 14 días pactado entre Estados Unidos e Irán, el Líbano se ha convertido en el escenario de la mayor oleada de ataques aéreos en lo que va de la guerra. Israel lanzó este miércoles más de 160 bombas sobre diversos puntos del país, dejando un saldo de cientos de víctimas y confirmando que la tregua con Teherán no garantiza la paz en toda la región.
El vacío del acuerdo
La Casa Blanca y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, han sido tajantes: el cese de hostilidades con Irán no incluye a Hezbolá. Esta distinción ha permitido que, mientras las aguas del Estrecho de Ormuz comienzan a ver el paso de buques petroleros nuevamente, el cielo de Beirut y el sur del Líbano se cubra de humo por los bombardeos israelíes.
Israel argumenta que su ofensiva es necesaria para neutralizar la infraestructura de lanzamiento de misiles de Hezbolá que amenaza el norte de su territorio. Por su parte, el grupo extremista ha dado señales mixtas sobre adherirse al alto al fuego, condicionando cualquier pausa a que Israel detenga sus incursiones terrestres.
Pánico en los mercados vs. Alivio diplomático
El contraste es total. Por un lado, la reapertura de Ormuz ha desplomado el precio del petróleo un 14%, situando el barril cerca de los 93 dólares, lo que ha dado un respiro económico global. Por otro lado, la crisis humanitaria en el Líbano escala a niveles críticos, con la ONU suspendiendo temporalmente las evacuaciones en zonas de conflicto tras la muerte de personal sanitario.
Expertos en geopolítica advierten que esta “tregua selectiva” es extremadamente frágil. Si Hezbolá logra arrastrar a Irán de vuelta al conflicto para defender a su principal aliado, los 14 días de paz anunciados por Trump podrían colapsar mucho antes de lo previsto.
