Por: Gaby Núñez
Cargo: Presidenta de Jóvenes ASECEM / Abogada


El impuesto invisible de la violencia
La paz en México ha dejado de ser un concepto etéreo discutido en foros de derechos humanos para convertirse en una variable crítica de la hoja de cálculo de cualquier empresa. Durante años, el sector privado ha operado bajo la premisa de que la seguridad es una responsabilidad unilateral del Estado. Sin embargo, los datos de cierre de 2025 y las proyecciones para este 2026 nos obligan a despertar de ese letargo: la violencia es el mayor freno a la competitividad nacional.
Según el Índice de Paz México 2025, el impacto económico de la violencia en nuestro país ascendió a 4.9 billones de pesos, lo que representa aproximadamente el 18.2% del Producto Interno Bruto (PIB). Si aterrizamos esta cifra a la realidad de cada ciudadano, la inseguridad nos cuesta en promedio 37,400 pesos por persona al año. Para un empresario en el Estado de México o la Ciudad de México, esto no es solo una estadística; es un “impuesto invisible” que se manifiesta en costos logísticos duplicados, primas de seguros inalcanzables y una rotación de personal derivada del miedo.
Como abogada, observo con preocupación que el gasto de las unidades económicas en medidas de protección (rejas, alarmas, blindajes y guardias privados) se ha incrementado en un 12% anual, según la última Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE). Estamos gastando miles de millones de pesos en contener el síntoma, mientras la enfermedad —la falta de cohesión social y oportunidades para la juventud— sigue avanzando. La pregunta para el sector privado hoy no es si debe involucrarse, sino cuánto tiempo más puede permitirse no hacerlo.
La juventud como activo de seguridad
El diagnóstico es claro: el reclutamiento de grupos delictivos se alimenta de la desesperanza y la falta de alternativas formales. En México, la tasa de informalidad laboral juvenil ronda el 58.9%, de acuerdo con datos del INEGI (ENOE 2026). Esto significa que más de la mitad de nuestra fuerza joven carece de una red de seguridad social, lo que los coloca en una posición de vulnerabilidad extrema.
La empresa tiene un poder que el gobierno no posee con la misma agilidad: la capacidad de integrar a un individuo a una estructura de propósito y legalidad de manera inmediata. Aquí es donde el sector privado se convierte en un aliado estratégico de la paz a través de tres pilares técnicos:
* Prevención Terciaria mediante el Empleo: No se trata de filantropía, sino de gestión de riesgos. Un joven con un salario digno y acceso a servicios de salud tiene un 70% menos de probabilidades de ser cooptado por economías ilícitas. La formalización del empleo joven es la política de seguridad más barata y efectiva que existe.
* Criterios ESG y Cohesión Social: La inversión social (la “S” de los criterios ESG) debe dejar de ser una donación esporádica para convertirse en una inversión en el perímetro. Las empresas que invierten en el fortalecimiento de las comunidades donde operan reportan una disminución del 22% en incidentes delictivos directos, al generar un sentido de pertenencia entre los vecinos y la organización.
* Networking Intergeneracional: La desconexión entre la experiencia empresarial y el ímpetu juvenil genera brechas de desconfianza. Al abrir canales de comunicación donde el joven entiende el valor de la empresa y el empresario escucha las nuevas formas de innovación social, se construye un tejido social resistente a la violencia.
Fuentes consultadas:
* Instituto para la Economía y la Paz (IEP): Índice de Paz México 2025.
* INEGI: Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE) y ENOE 2026.
* World Economic Forum: Global Risks Report 2026.
Tres pasos realistas para el liderazgo empresarial
Desde Jóvenes ASECEM, proponemos transitar de la queja a la propuesta técnica. Estos son tres pasos ejecutables que cualquier empresa, sin importar su tamaño, puede implementar este mes:
1. Ajustar el Filtro de “Primer Empleo”:
Elimina la barrera de “dos años de experiencia” para puestos de entrada administrativos o técnicos. Implementa un programa de capacitación de 4 semanas en habilidades blandas y técnicas básicas. Al contratar jóvenes egresados de bachilleratos o universidades tecnológicas locales, estás creando un cinturón de lealtad y legalidad en tu zona de influencia. Realismo puro: es más económico capacitar a un joven que reponer mercancía robada por falta de vigilancia comunitaria.
2. Iluminación y Recuperación Perimetral Colectiva:
Utiliza el poder del networking. Organízate con los tres negocios colindantes para instalar luminarias LED de alta potencia y cámaras conectadas a un centro de monitoreo compartido en la calle o callejón contiguo a tu establecimiento. El INEGI reporta que la percepción de inseguridad disminuye un 40% con la mejora del alumbrado público. Si el municipio no llega, la iniciativa privada debe dar el primer paso por la seguridad de sus propios colaboradores.
3. Mentoría de Impacto “1×1”:
Establece que cada directivo de la empresa dedique 2 horas al mes a mentorear a un estudiante de último semestre de una escuela pública cercana. No es una clase magistral; es abrir la puerta de la oficina para que el joven vea que existe una ruta de éxito basada en el esfuerzo y la legalidad. El “Job Shadowing” o acompañamiento profesional rompe el techo de cristal de la apatía y muestra que México sí tiene un lugar para ellos.
México está despertando a una realidad innegable: la paz no se firma, se construye en el día a día de nuestras oficinas, fábricas y comercios. Como Presidenta de Jóvenes ASECEM, hago un llamado al sector privado para que deje de ver la seguridad como un costo operativo y comience a verla como un dividendo social.
El futuro no se espera, se construye. Y la construcción de un México seguro e informado empieza cuando el empresario decide que el joven de la esquina no es una amenaza, sino su próximo mejor talento.
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