Infancias en prisión: El oscuro rostro del autoritarismo salvadoreño

Erwin Francisco Arriola Doroteo


Nayib Bukele ha dejado de fingir y muestra su verdadero rostro de autoritario y asesino, y el mundo debería estar en defensa de los derechos humanos. Con un solo movimiento de pluma, el mandatario salvadoreño ha firmado la sentencia de muerte para una generación entera al legalizar la cadena perpetua para personas menores de edad desde los 12 años. Esta rúbrica no es un plan de seguridad ni una estrategia de justicia, sino el despliegue de un poder absoluto que reclama la propiedad sobre la vida de su población.

El Salvador ha dejado de ser una república para convertirse oficialmente en el escenario de un autoritarismo que no busca redimir, sino aniquilar punitivamente a cualquiera que no encaje en su diseño libertario. Esta embestida se sostiene sobre un régimen de excepción que dejó de ser una medida temporal para volverse el cimiento de un sistema eterno. Bajo este amparo, Bukele ha construido una maquinaria de encarcelamiento masivo que sustituyó las pruebas por sospechas y el debido proceso por el marketing de las megacárceles.

Con más de 75,000 detenciones como trofeo, condenar a las juventudes a morir en prisión no es un error de cálculo, sino la evolución lógica de un modelo que decidió tratar la marginación social como un delito y no como una falla del Estado. El horror de este diseño ha sido documentado por instancias internacionales, cuyas denuncias sobre torturas y desapariciones forzadas revelan lo que la propaganda oficial intenta ocultar tras filtros de redes sociales.

En este contexto, ir por las infancias no es una medida aislada, es la prueba de que el sistema judicial salvadoreño es hoy un simple apéndice de la voluntad presidencial. Al eliminar los contrapesos, Bukele no solo rompe el tejido social interno, sino que hace añicos décadas de consensos internacionales sobre la protección de los más vulnerables, declarando que bajo su bota hay niñas y niños que nacen sin derecho a la esperanza.

Ante tal atropello surge una pregunta incómoda sobre el papel de quienes juraron proteger a las infancias y juventudes. Resulta vergonzoso que El Salvador, siendo Estado parte de la Convención sobre los Derechos del Niño, ignore el principio fundamental del interés superior del menor al imponer la prisión perpetua a adolescentes. Con este acto, Bukele viola directamente el artículo 37 de dicha Convención, el cual establece que ningún niño debe ser sometido a estas penas.

Esta reforma representa un ataque frontal a un derecho fundamental al castigar a individuos en una etapa donde la formación aún es posible, violentando e ignorando todo el derecho internacional. Sin embargo, el vacío más alarmante no reside únicamente en la ley, sino en la inacción de las instancias internacionales.

¿En dónde están UNICEF y el Comité de los Derechos del Niño mientras se desmantela el futuro de toda una generación? Su propósito de existencia es precisamente procurar el bienestar de las infancias, pero hoy parecen reducidos a una burocracia de comunicados tibios que rozan la complicidad. La parálisis de estos organismos frente a la bota de Bukele convierte a los tratados internacionales en una ficción costosa y demuestra que, si estas instituciones son incapaces de ejercer presión real frente al encierro eterno de un niño, entonces su relevancia ha muerto.

Este enfoque punitivo falla estrepitosamente al abordar las causas profundas que llevan a delinquir, pues la delincuencia en las juventudes no es un hongo que crece solo, sino que nace del abandono que el propio Estado ha perpetuado. Bukele prefiere construir megacárceles antes que escuelas porque las celdas funcionan mejor como propaganda visual, renunciando a invertir en programas que atiendan la pobreza, la violencia doméstica y el olvido.

La cadena perpetua para las infancias es el síntoma definitivo de un dictador en ascenso que utiliza el miedo para justificar la ruptura de principios que creíamos intocables. Frente a esta brutalidad, en la región existen apuestas que miran hacia la raíz del conflicto con estrategias radicalmente distintas.

Mientras en El Salvador se levantan muros para encerrar el futuro, en México la presidenta Claudia Sheinbaum ha consolidado una política de seguridad centrada en la atención a las causas bajo la dirección del secretario Omar García Harfuch. El corazón de esta visión se materializa en programas como “Jóvenes Unen al Barrio”, cuyo objetivo es ofrecer una alternativa real a las juventudes que se desarrollan en núcleos de marginación y violencias estructurales.

Esta iniciativa busca alejar a las personas menores de edad de la delincuencia mediante la reconstrucción del tejido social, a través de la participación activa de los jóvenes en sus comunidades realizando diversas actividades y proyectos, promoviendo valores como la solidaridad, la inclusión y el trabajo en equipo, entendiendo que la seguridad no se logra con celdas perpetuas sino quitándole a los grupos delictivos la posibilidad de reclutar a quienes solo buscan una opción de vida digna.

Llegados a este punto, ya no se trata solo de un debate jurídico o político pues estamos ante una cuestión de humanidad básica. Resulta alarmante pensar en qué momento permitimos que un presidente convierta a las infancias en enemigos irreparables para alimentar su narrativa de salvador mesiánico. Si aceptamos que una persona de 12 años muera en la cárcel, ya no estamos hablando de democracia, sino de una sociedad que ha decidido rendirse para convertirse en cómplice de un asesino.

5 comentarios en “Infancias en prisión: El oscuro rostro del autoritarismo salvadoreño”

  1. Gracias México 🇲🇽 por ser un país libre y soberano donde la niñez y las juventudes tienen derechos
    Este grupo juega un papel importante en nuestra sociedad no es criminalizar ni sentenciaremos a tan corta edad es buscar la causa de sus problemas y alinearlos para que sean hombres de bien para su país y sociedad

  2. Es muy fácil hablar de derechos humanos y de ‘prevención’ desde la comodidad de una oficina o desde otro país, pero quienes vivimos aquí sabemos lo que es enterrar a un hijo o pagar extorsión cada día solo para que no te quemen el negocio. Durante décadas, las pandillas usaron a los niños como soldados porque sabían que la ley los soltaría a los pocos meses. Esos ‘niños’ gatilleros destruyeron miles de familias.

    No se trata de odio, se trata de justicia para las víctimas, no para los victimarios. Un país no puede prosperar si los criminales tienen más derechos que la gente trabajadora. Si alguien es lo suficientemente grande para quitarle la vida a otra persona de forma cruel, debe ser lo suficientemente grande para enfrentar las consecuencias. Primero necesitamos orden y que las calles sean nuestras; ya después podremos discutir lo demás. La paz que tenemos hoy no cayó del cielo, se ganó poniendo límites claros: quien la hace, la paga.

  3. Ana Gaby Nuñez Hernandez

    Es terrible pensar que estamos aceptando que el Estado, en lugar de proteger, se convierta en el verdugo de su propia infancia. Como bien dice el texto, “*bajo su bota hay niñas y niños que nacen sin derecho a la esperanza*”

    Humanizar este conflicto significa entender que un niño de 12 años es, ante todo, una vida en formación, no un enemigo de guerra. Los derechos de las infancias no son un privilegio, son un escudo contra el abandono; cuando el sistema prefiere la cadena perpetua antes que la rehabilitación, está violando el derecho fundamental de todo menor a ser rescatado del entorno que lo daño. No se puede construir un futuro seguro sobre el sacrificio de los más vulnerables.

    Lo felicito, Mtro. Erwin por poner el dedo en la llaga sobre esta realidad. 👏🏻👏🏻👏🏻

  4. Es una lectura que sacude Erwin

    Me hace llorar pensar en un niño de 12 años con cadena perpetua; eso no es justicia, es venganza estatal pero cuando hablo con mis primas en el salvador ellas me dicen que por fin sus hijos pueden jugar en el parque Cómo elegir entre el derecho de un niño a ser rescatado y el derecho de una madre a que no maten a su familia…….. ???????

  5. es increíble que el mundo se quede cruzado de brazos viendo como Bukele se convierte en un carnicero de niños. Como usted dice, la delincuencia no sale de la nada es culpa del mismo gobierno que los abandona. Encerrar a una criatura de por vida no es justicia, es una ATROCIDAD! Lo felicito por alzar la voz contra este dictador de redes sociales!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *