
Por el Mtro. Raúl Chaparro Romero, presidente de la Asociación de Empresarios y Ciudadanos de México (ASECEM)
Cada año, la temporada de lluvias nos recuerda que la naturaleza siempre tendrá la última palabra. Sin embargo, también nos demuestra que muchas de las afectaciones que padecemos no son únicamente consecuencia de la intensidad de las precipitaciones, sino del rezago en infraestructura, la falta de mantenimiento de los sistemas de drenaje, el crecimiento urbano desordenado y, sobre todo, de la ausencia de una auténtica cultura de prevención.
Durante este 2026, México ha enfrentado una temporada de lluvias particularmente intensa. Autoridades meteorológicas han advertido sobre precipitaciones superiores al promedio en diversas regiones del país, acompañadas por ondas tropicales, tormentas severas y riesgos constantes de inundaciones, deslaves y desbordamientos de ríos.
En el Estado de México, cientos de familias, comerciantes, trabajadores y empresarios viven con incertidumbre cada vez que aparecen nubes negras en el horizonte. En cuestión de minutos, una lluvia torrencial puede paralizar avenidas, afectar parques industriales, interrumpir cadenas de suministro, provocar pérdidas económicas y poner en riesgo la integridad de miles de personas.
No podemos seguir viendo estas situaciones como hechos aislados o inevitables. Si bien el cambio climático ha incrementado la frecuencia e intensidad de los fenómenos hidrometeorológicos, también es cierto que existen problemas estructurales que durante muchos años fueron postergados. El mantenimiento preventivo de la infraestructura hidráulica debe dejar de ser una actividad estacional para convertirse en una política permanente.
Como representantes del sector empresarial sabemos que cada hora de inactividad ocasionada por una inundación representa pérdidas importantes para la economía. Una empresa que suspende operaciones no solamente deja de producir; también afecta proveedores, transporte, clientes y empleos. Detrás de cada establecimiento inundado existe el esfuerzo de familias enteras que trabajan diariamente para sacar adelante sus negocios.
Por ello, la prevención debe entenderse como una inversión y no como un gasto. Resulta indispensable continuar modernizando colectores, ampliar la capacidad del drenaje profundo, construir infraestructura hidráulica inteligente y aprovechar tecnologías que permitan monitorear en tiempo real los niveles de ríos, presas y canales.
Pero también corresponde una responsabilidad a la sociedad. Es imposible exigir mejores resultados cuando diariamente toneladas de basura terminan en alcantarillas, barrancas y cuerpos de agua. Una simple botella de plástico puede obstruir un sistema de desagüe y provocar afectaciones que terminan perjudicando a miles de personas.
Necesitamos fortalecer una verdadera cultura ciudadana. Cuidar el entorno, respetar los horarios de recolección de basura, denunciar tiraderos clandestinos y participar en jornadas comunitarias de limpieza son acciones pequeñas que, multiplicadas por millones de ciudadanos, generan un impacto enorme.
Desde ASECEM reconocemos el esfuerzo que realizan diariamente elementos de Protección Civil, bomberos, policías, personal de organismos operadores de agua y trabajadores de servicios públicos, quienes durante las emergencias laboran sin descanso para proteger vidas y restablecer la normalidad. Su trabajo merece nuestro reconocimiento y respaldo.
Asimismo, es importante que los tres órdenes de gobierno mantengan una coordinación permanente. Las lluvias no conocen límites municipales ni fronteras administrativas; por ello, las soluciones tampoco deben tenerlas. La planeación metropolitana resulta indispensable para atender una problemática que afecta de manera conjunta a municipios mexiquenses y a la Ciudad de México.
El sector empresarial también tiene mucho que aportar. Muchas compañías ya desarrollan programas internos de protección civil, protocolos de continuidad de operaciones y planes de emergencia para proteger tanto a sus colaboradores como a sus instalaciones. Estas buenas prácticas deben compartirse y fortalecerse entre toda la comunidad empresarial.
La resiliencia será una de las principales capacidades que deberán desarrollar nuestras ciudades durante las próximas décadas. No basta con reaccionar cuando ocurre una emergencia; debemos anticiparnos, invertir en infraestructura, incorporar tecnología, actualizar reglamentos de construcción y fomentar una planeación urbana que considere los nuevos escenarios climáticos.
Cada temporada de lluvias debe convertirse en una oportunidad para aprender y corregir. No podemos normalizar las inundaciones como parte de nuestra vida cotidiana. La seguridad de las familias, la continuidad de las actividades económicas y el desarrollo de nuestras comunidades dependen de decisiones responsables tomadas con visión de largo plazo.
En ASECEM reiteramos nuestra disposición para trabajar de manera coordinada con autoridades, especialistas, universidades y organizaciones civiles en la construcción de soluciones que fortalezcan la resiliencia de nuestro Estado de México. El diálogo entre gobierno, iniciativa privada y sociedad siempre será el camino más eficaz para enfrentar los grandes desafíos.
Hoy más que nunca necesitamos una ciudadanía comprometida, gobiernos que planifiquen con responsabilidad y empresarios que continúen invirtiendo en desarrollo sostenible. Las lluvias seguirán llegando cada año; la diferencia estará en qué tan preparados estemos para enfrentarlas.
Porque prevenir siempre será menos costoso que reconstruir, y actuar con visión de futuro será la mejor inversión para proteger nuestro patrimonio, nuestra economía y, sobre todo, la vida de las familias mexicanas.
