

Hace unos días, inspecciones sorpresa en centros de detención migratoria en Estados Unidos documentaron algo que ya sospechábamos, pero que ahora tiene evidencia y nombre propio: agresiones físicas, negligencia médica, restricciones de comunicación y condiciones indignas contra personas detenidas. Casi al mismo tiempo, el gobierno de México presentó una denuncia penal por la muerte de 17 connacionales bajo custodia migratoria estadounidense. Dos noticias, un mismo trasfondo.
Y aquí es donde vale la pena detenerse, no para indignarnos performativamente ni para sumar una condena más a la pila de comunicados, sino para hacernos una pregunta más incómoda: ¿desde cuándo los derechos humanos dejaron de ser universales y se volvieron geográficos?
Porque eso es, en el fondo, lo que revelan estos casos. No es que el derecho a la integridad física, a la atención médica o a la comunicación con un abogado dejen de existir cuando alguien cruza una línea en el mapa. Es que, en la práctica, permitimos que existan solo para quienes tienen el pasaporte correcto, el estatus migratorio correcto, o el privilegio de nunca tener que probarlo ante una autoridad que decide, de facto, cuánto vale su dignidad.
Como abogada, esto me toca una fibra particular. Trabajamos con la ficción jurídica de que los derechos son inherentes a la persona, no un favor que el Estado concede según le convenga administrativamente. El derecho internacional y nuestra propia Constitución reconocen la dignidad humana como principio rector, no como beneficio condicionado. Pero la realidad migratoria contemporánea funciona exactamente al revés: la frontera se convierte en el punto exacto donde se decide quién es sujeto de derecho pleno y quién pasa a ser gestionado como problema logístico, como número en un reporte de detenciones.
Lo preocupante no es solo lo que ocurre del otro lado de la línea. Es que, con demasiada facilidad, normalizamos el doble discurso: exigimos respeto irrestricto a los derechos de nuestros connacionales cuando son ellos quienes cruzan hacia el norte, mientras en casa seguimos teniendo pendientes muy similares con la población migrante centroamericana que atraviesa territorio mexicano. La coherencia en materia de derechos humanos no puede ser selectiva ni depender de qué lado de la frontera nos toque defender.
Esto tampoco es un tema exclusivamente diplomático o de política exterior. Tiene una dimensión económica y social que nos alcanza directamente: las remesas que sostienen a miles de familias mexiquenses provienen, en buena medida, de personas que hoy viven bajo ese mismo riesgo. Hablar de derechos humanos en la frontera es también hablar de estabilidad económica, de comunidades enteras que dependen de que sus familiares regresen con vida, no como una cifra más en un expediente.
Para quienes ocupamos espacios de liderazgo —empresarial, político, mediático— esto no es un asunto ajeno a “lo nuestro”. Cada vez que guardamos silencio ante una injusticia porque no nos toca directamente, reforzamos la misma lógica que después nos indigna cuando sí nos afecta. El liderazgo responsable no elige sus causas por conveniencia ni por cercanía geográfica; elige defender principios, incluso cuando resulta incómodo hacerlo, incluso cuando las víctimas no tienen rostro conocido ni cuenta de redes sociales que las visibilice.
La pregunta no es si vamos a resolver la política migratoria bilateral desde una columna de opinión; evidentemente no. La pregunta real es si, desde nuestros espacios de influencia, vamos a seguir tratando la dignidad humana como algo que se activa o se desactiva según de qué lado de la línea esté parada una persona. Porque si la respuesta institucional depende del pasaporte, entonces no estamos hablando de derechos humanos: estamos hablando de privilegios disfrazados de derechos, que es exactamente el tipo de arquitectura que como sociedad deberíamos estar desmontando, no reforzando.
Caminemos juntos, un paso a la vez.
Referencias
• La Jornada (24 de julio de 2026). Reporta aumento récord en arrestos del ICE durante junio (43,138) y aumento de violaciones a derechos humanos de migrantes bajo custodia. jornada.com.mx
• Milenio Diario / UnoTV (14 de julio de 2026). Documenta abusos físicos y deficiencias médicas en centros de detención migratoria de EU, con base en inspecciones de Seguridad Nacional. unotv.com
• La Jornada (14 de julio de 2026). Gobierno de México presenta denuncia penal en EU por la muerte de 17 connacionales bajo custodia migratoria. unotv.com / jornada.com.mx
Datos del Autor
Nombre completo: Lic. Ana Gaby Núñez Hernández
Cargo o profesión: Líder empresarial y analista joven
Organización: Presidenta de Jóvenes Empresarios de ASECEM (Asociación de Empresarios del Estado de México)
Breve semblanza: Abogada, columnista y conductora de Change TV. Preside Jóvenes Empresarios de ASECEM, desde donde impulsa el liderazgo juvenil, la equidad y la inclusión social en el Estado de México.
Redes sociales: Instagram @anagabynunezher · Facebook Ana Gaby Nunez Her

Totalmente de acuerdo Gaby, muy buen analisis. Se nos llena la boca hablando de los paisanos en usa pero aqui en mexico tratamos igual o peor a los centroamericanos, pura doble moral.