
Por: Mtro. Raúl Chaparro Romero
Presidente de la Asociación de Empresarios y Ciudadanos del Estado de México (ASECEM)
En un mundo donde la economía cambia a gran velocidad, México tiene una ventaja que muy pocas naciones poseen: formar parte del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el acuerdo comercial más importante del continente y uno de los más relevantes del planeta. No se trata únicamente de un tratado para facilitar el intercambio de mercancías; representa una plataforma para atraer inversiones, generar empleos, impulsar la innovación y consolidar el desarrollo económico de nuestro país.
Desde la perspectiva del sector empresarial, el T-MEC ha demostrado ser un instrumento fundamental para fortalecer la competitividad de las empresas mexicanas. Gracias a este acuerdo, miles de compañías han logrado integrarse a cadenas globales de valor, ampliar sus mercados y acceder a nuevas oportunidades de negocio. Esto se traduce en crecimiento económico, mejores salarios y mayor bienestar para millones de familias.
El Estado de México ocupa una posición privilegiada dentro de esta dinámica comercial. Nuestra ubicación geográfica, infraestructura logística, parques industriales y mano de obra calificada convierten a la entidad en uno de los principales motores económicos del país. Somos una región estratégica para la producción, distribución y comercialización de bienes destinados al mercado nacional e internacional.
Sin embargo, el verdadero reto consiste en aprovechar plenamente las ventajas que ofrece el T-MEC. Para lograrlo, es indispensable fortalecer el Estado de derecho, brindar certeza jurídica a los inversionistas y simplificar los trámites que permitan abrir y operar empresas con mayor rapidez. La confianza es el principal activo para atraer capitales nacionales y extranjeros.
Hoy observamos un fenómeno que representa una oportunidad histórica para México: el nearshoring. Cada vez más empresas internacionales buscan instalar sus operaciones cerca del mercado estadounidense para reducir costos logísticos y disminuir riesgos en sus cadenas de suministro. Nuestro país reúne las condiciones necesarias para convertirse en el principal destino de estas inversiones, siempre que exista coordinación entre los tres órdenes de gobierno y el sector privado.
Desde ASECEM hemos sostenido durante años que la colaboración entre empresarios y autoridades es indispensable para construir un entorno favorable para la inversión. Cuando gobierno e iniciativa privada trabajan con objetivos comunes, los resultados benefician a toda la sociedad. No se trata únicamente de favorecer a las empresas, sino de crear empleos formales, fortalecer la economía regional y mejorar la calidad de vida de las familias mexicanas.
El T-MEC también impone nuevos desafíos. La innovación tecnológica, la digitalización, la capacitación del talento humano y el cumplimiento de estándares laborales y ambientales ya no son opcionales; son requisitos indispensables para competir en los mercados internacionales. Las empresas mexicanas deben prepararse para responder a estas exigencias con visión de largo plazo.
Otro aspecto fundamental es el fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas. Ellas representan la columna vertebral de la economía nacional y generan una parte importante del empleo formal. Es necesario brindarles acceso a financiamiento, capacitación, tecnología y programas de vinculación que les permitan integrarse a las cadenas de suministro que demanda el T-MEC. El crecimiento económico debe ser incluyente y llegar a todos los sectores productivos.
No podemos olvidar que la seguridad sigue siendo un factor determinante para el desarrollo económico. Ningún inversionista arriesgará su patrimonio en lugares donde prevalezca la incertidumbre. Lo hemos dicho en múltiples ocasiones: sin seguridad no hay inversión; sin inversión no hay empleo, y sin empleo aumentan las condiciones que propician la inseguridad. La paz social es un elemento esencial para consolidar el crecimiento económico.
Asimismo, es indispensable invertir en infraestructura carretera, ferroviaria, aeroportuaria y energética. Una logística eficiente reduce costos, incrementa la competitividad y facilita el intercambio comercial con nuestros principales socios. Cada peso destinado a infraestructura representa una inversión para el futuro del país.
La revisión del T-MEC debe verse como una oportunidad para fortalecer la relación comercial entre las tres naciones. México debe participar con responsabilidad, inteligencia y visión estratégica, defendiendo los intereses nacionales, pero también demostrando que es un socio confiable, competitivo y comprometido con el desarrollo regional.
Los empresarios mexicanos estamos preparados para asumir ese compromiso. Seguiremos invirtiendo, innovando y generando empleos, porque creemos en el potencial de nuestro país. Pero también necesitamos instituciones sólidas, reglas claras y políticas públicas que incentiven la productividad y la competitividad.
México tiene todo para convertirse en la gran plataforma industrial y logística de América del Norte. Contamos con talento, capacidad productiva, ubicación estratégica y un mercado altamente competitivo. El T-MEC nos brinda una oportunidad excepcional que difícilmente volverá a repetirse. Aprovecharla dependerá de la voluntad de construir acuerdos, fortalecer la confianza y trabajar unidos por un mismo objetivo: hacer de México una nación más próspera, competitiva y con mayores oportunidades para las presentes y futuras generaciones.
