
Aunque el cabello es una de las características más visibles de nuestro cuerpo, existe un detalle que pocas personas conocen: la parte del cabello que podemos tocar y observar está formada principalmente por células que ya no están vivas. Esto no significa que el cabello esté “muerto” en un sentido negativo, sino que su estructura visible está compuesta por células que, durante su formación, se llenaron de una proteína llamada queratina y perdieron su núcleo y actividad celular.
El proceso comienza mucho más abajo, dentro de la piel, en una pequeña estructura conocida como folículo piloso. En la base del folículo se encuentra el bulbo capilar, donde existen células que se dividen continuamente. Estas células reciben nutrientes y oxígeno a través de los vasos sanguíneos que rodean la zona y, a medida que se multiplican, van formando el cabello.
Conforme las nuevas células avanzan hacia la superficie, experimentan un proceso llamado queratinización. Durante este proceso, las células se llenan de queratina, se endurecen y pierden sus estructuras internas. Finalmente, forman la fibra capilar que conocemos como cabello.
La parte visible del cabello recibe el nombre de tallo capilar y está formada principalmente por tres capas. La más externa es la cutícula, compuesta por pequeñas escamas que protegen el interior. Debajo se encuentra la corteza, que constituye la mayor parte de la fibra y contiene la melanina responsable de buena parte de su color. En algunos tipos de cabello también puede encontrarse una capa central llamada médula.
Por esta razón, cuando aplicamos productos sobre el cabello, como acondicionadores, aceites o tratamientos, estos actúan principalmente sobre la fibra ya formada y no pueden “revivir” las células que la componen. Pueden mejorar temporalmente su apariencia, suavidad y protección, pero el cabello nuevo se produce desde el folículo.
Esto también explica por qué la alimentación y determinados factores relacionados con el organismo pueden influir en el crecimiento del cabello: el folículo necesita nutrientes y un adecuado funcionamiento celular para producir nuevas fibras.
Así que la próxima vez que te cepilles el cabello, recuerda que lo que estás tocando es el resultado final de un fascinante proceso biológico que comienza debajo de la piel. El cabello visible no está vivo, pero su crecimiento depende de células activas que trabajan continuamente dentro del folículo.
