De la autoestima a la dignidad: no son lo mismo

De la autoestima a la dignidad: no son lo mismo

¿Sabías que la autoestima no es sinónimo de dignidad?. Es muy común mezclarlas, pero es importante saber que no son igual. Una es el suelo o la base que te sostiene; la otra es la casa que construyes sobre él.

En ocasiones una persona con “buena autoestima” puede quedarse en lugares donde no se siente cómoda/o. Personas “inteligentes, atractivas y capaces” y, aun así, permiten que les hablen mal, que les cancelen planes de último minuto, que les pidan perdón sin modificar. ¿Por qué? Y aquí nuevamente porque una cosa es la autoestima y otra muy distinta es la dignidad.

Vamos a separarlas:

La autoestima es: cómo te sientes contigo misma o mismo, poner un valor o evaluación interna. Es decirte “soy valiosa/o”, “soy capaz”, “soy suficiente”.
Puede subir o bajar, algunos días te ves al espejo y te gustas mucho, y otros días no tanto, depende de tu estado de ánimo, de tus logros, incluso de tus hormonas. Su naturaleza es fluctuante.

La dignidad es: ese valor intrínseco e inalienable.
No es cómo te sientes, sino cómo te tratas y cómo permites que te traten. No es una emoción: es una elección.

Tu autoestima dice: me quiero.
Tu dignidad dice: por esto no me quedo.

A menudo cometemos el error de basar nuestra dignidad en la autoestima: creemos que valemos menos si fallamos, si no cumplimos expectativas o si nadie nos valida. Y cuando eso ocurre, ponemos nuestro valor más profundo en manos externas, en resultados que no siempre dependen de nosotros.

La clave está en entender que la dignidad es la base y la autoestima es el crecimiento. Tu valor como persona no se reduce a lo que logres o dejes de lograr.

¿Ves la diferencia? La autoestima en ocasiones no alcanza para protegerte. La dignidad sí.

La autoestima se construye con afirmaciones, con logros, muchas veces con etiquetas sociales, con terapia, con mirarte con compasión. La dignidad se fortalece con acciones coherentes: cada vez que dices “no”, y lo cumples, cuando quieres decir “no”; cada vez que no contestas ese mensaje; cuando no eliges a quien no te elige. Cada acción es un ladrillo de la obra creando y construyendo tu dignidad.

Muchos hombres y mujeres crecimos creyendo que amar es aguantar, pero no es así, poner límites no es egoísmo. Quererse no es quedarse.

La autoestima te ayuda a soñar en grande.
La dignidad te ayuda a no conformarte con poco.

Son dos ramas de un mismo árbol, una misma valía. Tu dignidad no se negocía; tu autoestima se cultiva. Y ambas juntas te permiten vivir con plenitud.

Entonces, ¿cómo se complementan?

1. Comienza por hacerte algunas preguntas:
¿Cómo me siento?, ¿Qué ocupó en este momento?, ¿Me siento vulnerable?, ¿Que me lástima en realidad?”.

2. No negocíes lo innegociable.
¿Qué no vas a permitir nunca más? ¿Gritos? ¿Mentiras? Escríbelo. Lo que no está claro no se puede defender.

3. Actúa aunque tiemble la autoestima. No esperes a estar segura o seguro para actuar con dignidad: se actúa primero. La seguridad llega después, como consecuencia de haberte tratado bien.

Al final, la meta no es vivir todos los días con la autoestima siempre alta, sino con la dignidad intacta y que pase lo que pase jamás la sueltes o la vuelvas a soltar.

Aprender a distinguirlas cambia todo. Tu dignidad es tu derecho y tu fortaleza inquebrantable: naces con ella y nadie puede quitártela, ni depende de tus logros. Tu autoestima es algo que ocupas alimentar día a día, que puedes cuidar, mejorar y elevar.
No ocupas “ganarte” el derecho a ser tratada/o con respeto; ¡ya lo tienes!.
Y sobre esa base firme, puedes ir construyendo a tu ritmo una buena relación contigo misma/o, aprendiendo, creciendo y perdonándote cuando te equivocas.

Porque habrá días que no te gustes tanto y días en los que dudes de ti. Y en esos días, lo único que te va a sostener no es cuánto te quieres, sino cuánto te respetas. Y eso nadie te lo puede quitar.


Semblanza
Karen Arana
Psicóloga clínica, especialista en desarrollo humano y tanatologia. Apasionada por la salud mental y el bienestar integral, luchadora incansable contra la violencia de género
“Está bien dejar que quienes te quieren te apoyen”.

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