El plan de paz para Gaza enfrenta nuevos obstáculos

A un año de la implementación del plan impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para poner fin a la guerra en Gaza, sus principales objetivos continúan lejos de cumplirse. Aunque la primera fase permitió establecer un alto el fuego en octubre de 2025 y facilitó la liberación de los últimos rehenes israelíes, así como de cientos de prisioneros y detenidos palestinos, las etapas posteriores del acuerdo permanecen prácticamente estancadas.

Uno de los principales obstáculos es el desarme de Hamás. El plan contempla que el grupo palestino abandone sus armas como condición para avanzar hacia una nueva estructura de seguridad y gobierno en Gaza. Sin embargo, las negociaciones no han logrado resolver las diferencias sobre las condiciones y garantías para llevar a cabo este proceso. Israel sostiene que no retirará completamente sus fuerzas mientras Hamás no sea desarmado, mientras que el grupo ha planteado fórmulas para entregar sus armas bajo supervisión internacional.

La presencia militar israelí constituye otro de los puntos más sensibles. De acuerdo con información reciente, Israel mantiene el control de aproximadamente dos terceras partes del territorio de Gaza y continúan registrándose ataques, pese al alto el fuego. Desde que entró en vigor la tregua, más de 1,400 palestinos han muerto, según cifras del Ministerio de Salud de Gaza citadas por Reuters. Israel afirma que sus operaciones tienen como objetivo a integrantes de Hamás y acusa al grupo de intentar rearmarse.

La situación humanitaria también continúa siendo crítica. Aunque el acceso a la ayuda mejoró después del acuerdo, los suministros permanecen por debajo de las necesidades de la población y más de 1.2 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria aguda. Las condiciones de vida se complican además por la destrucción de viviendas, infraestructura y servicios básicos.

En materia de reconstrucción, los avances son todavía limitados. Un plan respaldado por Estados Unidos contempla una inversión inicial de 2,450 millones de dólares, pero las necesidades estimadas para reconstruir Gaza alcanzan aproximadamente 71,400 millones de dólares. Además, la fuerza internacional de estabilización prevista en el acuerdo todavía no está plenamente operativa.

Así, un año después, el plan enfrenta una paradoja: logró reducir la intensidad de la guerra y concretar importantes liberaciones, pero no ha conseguido resolver los asuntos fundamentales de seguridad, desarme, retiro militar, gobernanza y reconstrucción. El futuro de Gaza continúa dependiendo de que las partes logren transformar el frágil alto el fuego en un acuerdo político duradero.

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