
Nepal atraviesa una de las emergencias naturales más graves de los últimos años después de que inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra golpearan zonas del Himalaya cercanas a la frontera con el Tíbet, dejando una enorme cantidad de personas fallecidas y desaparecidas. La tragedia comenzó el 26 de agosto y afectó especialmente a los distritos nepalíes de Rasuwa y Nuwakot, además de la región tibetana de Gyirong, en China.
El desastre se produjo después de un colapso glaciar que provocó una gigantesca corriente de agua, lodo, rocas y sedimentos que descendió rápidamente por los valles. La fuerza de la corriente destruyó comunidades enteras y arrasó carreteras, puentes, vehículos, viviendas e infraestructura estratégica. Las autoridades también han advertido sobre nuevos riesgos debido a la formación de lagos de agua retenida por los escombros, que podrían provocar más inundaciones si llegan a romperse.
El balance de víctimas ha aumentado rápidamente conforme los equipos de emergencia han logrado acceder a zonas que permanecían incomunicadas. Al 31 de agosto, distintos reportes situaban el número de fallecidos en más de 900, mientras que alrededor de 4,500 personas continuaban desaparecidas entre Nepal y el Tíbet. Las cifras todavía podrían modificarse debido a la dificultad para identificar a las víctimas y localizar a quienes permanecen aislados.
Las labores de rescate se desarrollan en condiciones extremadamente complicadas. Grandes cantidades de lodo bloquean caminos y túneles, mientras que los desprendimientos y las lluvias dificultan el acceso de helicópteros y maquinaria pesada. Más de 21 mil efectivos participan en las operaciones de búsqueda, evacuación y distribución de ayuda, y equipos de Nepal, China e India colaboran en diferentes puntos de la zona afectada.
La emergencia también ha tenido consecuencias económicas importantes. La destrucción de carreteras y puentes ha aislado comunidades y afectado proyectos hidroeléctricos fundamentales para Nepal. De acuerdo con especialistas, los daños han reducido temporalmente la capacidad eléctrica del país y evidencian la vulnerabilidad de la infraestructura ubicada en regiones montañosas expuestas a fenómenos extremos.
Uno de los aspectos más dramáticos de la tragedia es la presencia de cientos de extranjeros entre las personas desaparecidas, incluidos turistas, peregrinos y trabajadores de proyectos hidroeléctricos. Las autoridades continúan actualizando las listas mientras familiares de distintas nacionalidades esperan información sobre sus seres queridos.
En medio de la devastación también han surgido historias de supervivencia. En una escuela de Nepal, una evacuación de emergencia permitió poner a salvo a más de 900 estudiantes y profesores minutos antes de que la inundación destruyera las instalaciones.
La tragedia vuelve a poner sobre la mesa los riesgos que enfrenta la región del Himalaya ante el calentamiento global, el derretimiento de glaciares y fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, así como la necesidad de fortalecer los sistemas de alerta temprana y la infraestructura de prevención.
