El verdadero reto del Estado de México está en sus municipios

Durante mucho tiempo hemos hablado de transformar México desde las grandes instituciones, desde los gobiernos estatales y desde las decisiones nacionales. Sin embargo, mi experiencia en el servicio público me ha llevado a una convicción: la transformación de un país se demuestra en el territorio y, particularmente, en sus municipios.

El Estado de México es un enorme desafío de política pública. De acuerdo con el INEGI, en 2020 la entidad tenía 16,992,418 habitantes, lo que la colocaba como la entidad más poblada del país.  Esta dimensión obliga a entender que no existe una sola realidad mexiquense. Hay municipios metropolitanos, rurales, industriales, turísticos, indígenas y comunidades con necesidades profundamente distintas.

Por eso, para mí, gobernar el Estado de México exige conocer su territorio.

No basta con conocer estadísticas desde un escritorio. Hay que caminar las calles, escuchar a las comunidades, comprender sus dinámicas económicas y sociales y, al mismo tiempo, convertir ese conocimiento territorial en políticas públicas.

Ahí encuentro una de las grandes aportaciones del Humanismo Mexicano: colocar a las personas en el centro de la acción pública, entendiendo que el bienestar no puede separarse del lugar donde las personas viven, trabajan, estudian y construyen sus proyectos de vida. El Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 establece precisamente un modelo de gobierno sustentado en el Humanismo Mexicano y plantea como uno de sus ejes la gobernanza con justicia y participación ciudadana.

Pero humanizar el gobierno no significa improvisar.

Un gobierno humanista también debe ser profesional, eficiente y técnicamente competente.

Desde mi perspectiva, el servidor público del presente y del futuro necesita reunir capacidades que antes podían considerarse complementarias, pero que hoy son indispensables.

Primero, debe tener conocimiento de la administración pública: planeación, presupuesto, evaluación, indicadores, transparencia, rendición de cuentas y gestión de resultados.

Segundo, debe conocer profundamente el marco jurídico vigente. Gobernar no consiste solamente en tener buenas intenciones; significa actuar dentro de las facultades, procedimientos y responsabilidades que establecen la Constitución, las leyes, reglamentos, bandos y demás ordenamientos aplicables. En el ámbito municipal, incluso la legislación estatal establece facultades normativas de los ayuntamientos y su responsabilidad para expedir el Bando Municipal y los reglamentos necesarios para su funcionamiento.

Tercero, necesitamos servidores públicos capaces de comprender y utilizar la tecnología. La transformación digital ya no es un lujo administrativo. Es una herramienta para mejorar servicios, reducir tiempos, generar información, detectar problemas y tomar mejores decisiones. El propio PND 2025-2030 incorpora la innovación pública para el desarrollo tecnológico nacional como eje transversal.

Pero hay una cuarta dimensión que considero fundamental: las habilidades humanas.

Un buen servidor público debe saber escuchar, comunicar, negociar, trabajar en equipo, resolver conflictos, construir acuerdos y mantener empatía frente a quien acude a una institución buscando una respuesta.

  • La técnica sin sensibilidad puede producir burocracia.
  • La sensibilidad sin técnica puede producir improvisación.
  • Necesitamos ambas.

También considero indispensable que quien aspire a gobernar conozca los principios, documentos básicos y estatutos de la Cuarta Transformación y de MORENA, porque una responsabilidad pública no puede ejercerse únicamente desde la perspectiva personal. Quien participa en un proyecto político debe conocer sus principios, su organización y los compromisos que lo sustentan, pero también debe entender que, una vez asumida una responsabilidad de gobierno, su obligación constitucional es servir a toda la sociedad.

Y aquí aparece un elemento que no puede negociarse: la ética.

La ética pública no debe reducirse a evitar actos de corrupción. Significa utilizar correctamente el poder, administrar responsablemente los recursos, evitar conflictos de interés, respetar la ley, rendir cuentas y recordar permanentemente que el cargo pertenece temporalmente a quien lo ejerce, pero los recursos y las instituciones pertenecen a la sociedad.

Por eso considero que el municipio del futuro debe construirse sobre cinco capacidades: territorio, conocimiento, tecnología, legalidad y ética.

  • Territorio para comprender.
  • Conocimiento para decidir.
  • Tecnología para innovar.
  • Legalidad para actuar.
  • Ética para no perder el rumbo.

El Estado de México necesita gobiernos que no solamente administren problemas, sino que sean capaces de anticiparlos. Gobiernos que utilicen información para decidir dónde invertir, qué programas funcionan, qué comunidades requieren mayor atención y dónde cada peso público puede generar mayor bienestar.

La ciudadanía tampoco debería conformarse con gobiernos que simplemente anuncien acciones. Debemos avanzar hacia una cultura pública donde podamos preguntar: ¿qué problema se quería resolver?, ¿cuánto se invirtió?, ¿a quién benefició?, ¿qué resultado produjo y cómo podemos demostrarlo?

Ésa es, para mí, la verdadera evolución de la administración pública.

El Humanismo Mexicano nos recuerda que la política debe tener como centro a las personas. La administración pública nos enseña que para atenderlas necesitamos instituciones capaces. La tecnología nos ofrece nuevas herramientas. La normativa establece los límites y responsabilidades. Y la ética determina cómo utilizamos el poder.

Al final, el ciudadano no vive en una estadística ni en un programa de gobierno.

Vive en un territorio.

Ahí estudia, trabaja, emprende, forma una familia y enfrenta diariamente sus problemas.

Por eso estoy convencido de que el gran reto del Estado de México está en construir municipios más humanos, pero también más profesionales; más cercanos, pero también más eficientes; más tecnológicos, pero sin perder sensibilidad; y, sobre todo, gobiernos que entiendan que servir no es administrar un cargo: es asumir una responsabilidad frente a la sociedad.

La transformación nacional tendrá éxito cuando sea capaz de convertirse en resultados concretos en cada comunidad.

Y esa transformación, inevitablemente, comienza en lo local.

DR. RAFAEL CHACÓN VILLAGRÁN

INVESTIGADOR Y ESPECIALISTA

EN HUMANISMO MEXICANO

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