
Por Odilia Sandoval, experta en Autocuidado Consciente con Mindfulness Aplicado y Metodologías Vivenciales.
La paz al final de la vida también es un derecho humano.
Hablar de la muerte nunca ha sido fácil. En nuestra cultura solemos evitarla, posponerla o convertirla en un tema incómodo. Sin embargo, cuando acompañamos a una persona con una enfermedad incurable, con dolor crónico o con un deterioro irreversible, la conversación cambia. Entonces la pregunta ya no es únicamente cómo prolongar la vida, sino cómo preservar la dignidad hasta el final.
En México, esta discusión últimamente ha tomado una relevancia histórica. Un estudio nacional difundido en el Senado de la República en abril de 2026 reveló que 7 de cada 10 personas respaldan el derecho a una muerte digna y la regulación de la ayuda médica para morir. La investigación, realizada con 1,200 entrevistas y testimonios de pacientes y cuidadores, muestra que el debate ya no es marginal: es una conversación social instalada y respaldada con evidencia.
Cuando vivir deja de ser vivir
Uno de los hallazgos más conmovedores del estudio es la diferencia entre seguir con vida y vivir con dignidad. Personas con enfermedades terminales describen una existencia sostenida biológicamente, pero marcada por dolor constante, tratamientos invasivos, agotamiento emocional y pérdida progresiva de autonomía. Para muchas de ellas, la solicitud de una muerte médicamente asistida no surge de un rechazo a la vida, sino del deseo de evitar un sufrimiento irreversible.
“No es que no quiera vivir, es que ya no puedo seguir viviendo”.
Esta frase, recogida en el estudio, resume una realidad que miles de familias enfrentan en silencio. Como especialista en autocuidado consciente, considero fundamental reconocer que la compasión no consiste únicamente en acompañar a alguien a vivir, sino también en escuchar con respeto su experiencia de dolor y su necesidad de autonomía.
La carga invisible de quienes cuidan
El debate sobre la muerte digna no puede centrarse solo en el paciente. Las personas cuidadoras —en su mayoría mujeres— sostienen una enorme carga física, emocional y económica. Muchas abandonan su trabajo, su vida social y, en ocasiones, su propia salud para cuidar a un familiar enfermo. El estudio revela que estas personas sienten que la sociedad depende de ellas como una “infraestructura invisible” de cuidados, sin reconocimiento ni apoyo suficiente.
Aquí aparece una dimensión profundamente humana: el sufrimiento no es individual. Afecta a todo el núcleo familiar. Hablar de muerte digna también implica hablar de redes de apoyo, acompañamiento psicológico y políticas públicas que protejan tanto a quien padece como a quien cuida.
¿Y los cuidados paliativos?
Un punto importante es que la discusión no se reduce a elegir entre cuidados paliativos o eutanasia. El estudio muestra que el acceso a cuidados paliativos en México es desigual, insuficiente y muchas veces tardío. Pacientes y cuidadores reconocen su importancia, pero señalan que en numerosos casos no eliminan el dolor físico ni el sufrimiento emocional.
Por ello, la propuesta de la Ley Trasciende busca abrir una regulación clara y garantizada, donde la decisión sea libre, informada y acompañada por evaluaciones médicas y psicológicas. La mayoría de las personas encuestadas considera indispensable que cualquier legislación incluya diagnóstico de especialistas, consentimiento informado, evaluación emocional y mecanismos para evitar abusos.
Una reflexión personal
Personalmente, considero que esta conversación exige una mirada profundamente ética y compasiva. No se trata de promover la muerte ni de desvalorizar la vida. Todo lo contrario: se trata de reconocer que la dignidad humana no desaparece cuando una persona enfrenta una enfermedad terminal.
Desde el enfoque de autocuidado con compasión que promovemos en la Escuela de Desarrollo Vivencial, he aprendido que acompañar implica escuchar sin imponer, sostener sin juzgar y respetar la autonomía del otro. Obligar a una persona a prolongar un sufrimiento que considera intolerable puede ser tan doloroso como abandonarla en ese proceso.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha decidido analizar un amparo relacionado con la regulación de la eutanasia, lo que abre la puerta a una discusión constitucional sobre la autonomía personal y el derecho a decidir sobre el final de la vida. Aún no existe una resolución de fondo; sin embargo, el hecho de que el tema llegue al máximo tribunal refleja la relevancia social y jurídica que ha adquirido.
La muerte digna como acto de compasión
Quizá el mayor aprendizaje de esta discusión es que la compasión no es lástima, es reconocer las causas del dolor y malestar y anhelar que estén libres del dolor. La compasión es reconocer el sufrimiento del otro y respetar su voluntad cuando ha sido expresada de manera libre, consciente e informada. Como señala el estudio, muchos pacientes perciben la posibilidad de una muerte digna no como un impulso suicida, sino como una opción humana frente a un dolor sin posibilidad de mejora.
Conclusión: una invitación a conversar
La muerte digna no es un tema sencillo ni debe abordarse desde extremos ideológicos. Requiere evidencia, sensibilidad, bioética y un profundo respeto por la autonomía humana.
Hoy México tiene la oportunidad de construir una conversación más madura y compasiva sobre el final de la vida. Una conversación donde el paciente, la familia, los cuidadores, el personal de salud y la sociedad puedan ser escuchados.
Porque, al final, todos compartimos una misma condición: algún día enfrentaremos nuestra propia vulnerabilidad.
Y tal vez la pregunta más importante no sea cómo queremos morir, sino cómo queremos ser acompañados cuando llegue ese momento.
La dignidad no termina con la vida. El derecho tampoco.
Fuentes consultadas
Artículo. Abril 2026. 7 de cada 10 personas en México respaldan el derecho a la muerte digna.
Altazor Intelligence & Data for World. (2026). Estudio nacional sobre la percepción social de la muerte digna y la Ley Trasciende en México.
