

Por Ana Gaby Núñez — Líder empresarial y analista joven | Presidenta de Jóvenes ASECEM
La encuesta “Jóvenes en México 2026”, elaborada por el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica en colaboración con Fundación SM, acaba de confirmar algo que muchos intuíamos: los jóvenes de entre 15 y 29 años atraviesan un proceso de “desafiliación” de las instituciones centrales —familia, escuela, empleo, relaciones personales— y al menos cuatro de cada diez aseguran no encontrar pertenencia real en ninguno de esos espacios que históricamente ofrecían apoyo y oportunidad. Lo más revelador no es el dato, sino cómo lo interpretan los propios investigadores: hablar de desafiliación no es victimizar a una generación, sino reconocer que las instituciones no se han transformado al ritmo de las nuevas subjetividades juveniles, y que la sociedad tiende a culpar a los jóvenes de su propio desenganche, como si fuera una falla de carácter y no un fracaso colectivo.
Esa misma lógica aplica, punto por punto, a cómo medios, marcas, gobierno y hasta partidos le “hablan” a la juventud. El problema no es el tono del mensaje. El problema es que nadie le está hablando a los jóvenes. Le están hablando encima de ellos.
La diferencia entre hablarle a alguien y hablar con alguien
Hablarle a los jóvenes asume que son un público que hay que conquistar: se les diseña un mensaje, se elige el canal de moda, se calcula el momento óptimo de publicación, y se espera que reaccionen como se proyectó en la estrategia. Es comunicación unidireccional disfrazada de cercanía. Habla con la certeza de quien ya decidió qué necesita escuchar el otro, sin haberle preguntado nada.
Hablar con los jóvenes es distinto y, para muchas instituciones, incómodo: implica reconocerlos como interlocutores con criterio propio, capaces de identificar de inmediato cuándo un mensaje es auténtico y cuándo es estrategia con maquillaje juvenil. Implica ceder algo de control sobre la conversación. Y ese es precisamente el paso que casi nadie está dispuesto a dar.
Lo que sí funciona, y por qué casi nadie lo hace
En los meses que llevo produciendo contenido para jóvenes —conduciendo entrevistas, escribiendo esta columna, coordinando estrategias de comunicación— he visto una constante: los mensajes que sí conectan no son los más pulidos ni los más virales. Son los que explican con claridad qué se busca, que no esconden la intención detrás de una simulación de amistad, y que dejan espacio real para la respuesta, no solo para el consumo pasivo. Claridad, honestidad sobre el propósito, y espacio para la réplica. Ninguno de estos tres elementos requiere presupuesto de producción. Requiere, simplemente, dejar de tratar a la audiencia joven como un target y empezar a tratarla como una contraparte.
El error no es de la juventud, es del diseño
Como presidenta de Jóvenes ASECEM he tenido oportunidad de ver de cerca a cientos de jóvenes empresarios, estudiantes y líderes en formación. Ninguno de ellos rechaza la información, la autoridad o incluso la disciplina que exige construir algo serio. Lo que sí rechazan, de forma consistente, es la condescendencia: el mensaje que asume que hay que simplificarles todo, entretenerlos para que pongan atención, o hablarles “en su idioma” como si fuera un idioma extranjero. Cuando se les habla como pares con criterio —con datos reales, sin infantilizar el contenido— la participación aparece sola. Opinan, comparten, se organizan. El problema nunca fue la juventud. Fue el diseño del mensaje que se le impuso.
La decisión detrás del silencio
Seguir hablando encima de los jóvenes en lugar de hablar con ellos no es un error de estrategia que se corrija con más presupuesto o mejores consultores. Es una decisión, muchas veces inconsciente pero decisión al fin: la de no ceder espacio real de interlocución. Es más cómodo diseñar el mensaje perfecto en una sala de juntas que abrir la conversación a alguien que podría cuestionar la premisa completa. Pero esa comodidad tiene un costo, y las instituciones que insisten en pagarlo son, cada vez más, las que ya nadie escucha.
No es que los jóvenes no escuchen. Es que llevan años escuchando que no fueron invitados a la conversación.
Fuentes
Observatorio de la Juventud en Iberoamérica y Fundación SM, encuesta “Jóvenes en México 2026” — ver documento
La Crónica de Hoy, “Jóvenes en México 2026 ante el observatorio iberoamericano” — ver artículo
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“No es que los jóvenes no escuchen. Es que llevan años escuchando que no fueron invitados a la conversación.”
Ana Gaby Núñez H.
Abogada, comunicadora y joven empresaria. Directora de Proyectos de ChangeTV, conductora de La Voz del Líder, columnista en Change News y Presidenta Juvenil de Jóvenes Empresarios ASECEM. Su trayectoria combina el ámbito jurídico, el liderazgo y la promoción del emprendimiento entre las nuevas generaciones.
Instagram: @anagabynunezher
Contacto: 55 5195 3391
