
Cuando pensamos en la lengua, normalmente la relacionamos con el gusto. Sin embargo, en algunos lagartos esta estructura cumple una función mucho más sorprendente: ayuda a detectar sustancias químicas presentes en el ambiente. Es una herramienta fundamental para explorar su entorno, encontrar alimento y reconocer posibles amenazas.
Los varanos son uno de los ejemplos más conocidos. Estos reptiles sacan repetidamente la lengua, muchas veces de manera rápida y aparentemente curiosa. Pero no se trata simplemente de un movimiento relacionado con el gusto. Al hacerlo, recogen pequeñas partículas y moléculas químicas del aire, del suelo y de diferentes superficies.
Después, la lengua lleva esas partículas hacia un órgano especializado conocido como órgano vomeronasal, también llamado órgano de Jacobson. En los lagartos se encuentra en la región del paladar y está conectado con el sistema sensorial encargado de interpretar determinadas señales químicas.
Este mecanismo permite al animal obtener información sobre lo que ocurre a su alrededor. Por ejemplo, puede ayudarlo a identificar la presencia de una presa, seguir rastros dejados por otros animales o detectar señales relacionadas con individuos de su misma especie.
Una de las características más interesantes es que este sistema funciona incluso cuando el animal no puede ver claramente lo que está buscando. En ambientes con vegetación densa, entre rocas o sobre el suelo, las señales químicas pueden proporcionar información que la vista por sí sola no ofrecería.
El comportamiento también puede observarse cuando un lagarto se encuentra explorando un lugar desconocido. El animal puede detenerse, sacar y retraer rápidamente la lengua varias veces y posteriormente continuar desplazándose. Cada movimiento le permite recopilar información química del entorno.
Aunque suele decirse que estos reptiles “huelen con la lengua”, esta expresión es una forma sencilla de explicar el fenómeno. No significa que la lengua sea literalmente su nariz, sino que participa en la recolección de moléculas que posteriormente son analizadas por un órgano sensorial especializado.
Este sistema también aparece en otros reptiles, aunque su funcionamiento y desarrollo pueden variar entre especies. Las serpientes, por ejemplo, utilizan un mecanismo muy conocido en el que la lengua recoge partículas y las transporta hasta el órgano vomeronasal.
La capacidad de detectar señales químicas es una muestra de cómo los animales han desarrollado diferentes formas de percibir su entorno. Para los lagartos, una simple salida de la lengua puede convertirse en una especie de “escaneo químico” que les proporciona información sobre el mundo que los rodea.
Así que la próxima vez que veas a un lagarto sacar repetidamente la lengua, recuerda que probablemente no está haciendo un gesto extraño: está recopilando información sobre su entorno de una manera extraordinariamente sofisticada.
