
Cuando escuchamos la palabra “Nintendo”, es casi inevitable que nuestra mente se llene de imágenes vibrantes de fontaneros saltarines, princesas en apuros y consolas tecnológicamente innovadoras. Sin embargo, el gigante mundial del entretenimiento que hoy domina la industria de los videojuegos tiene un origen mucho más analógico, tradicional y sorprendentemente antiguo. La compañía fue fundada el 23 de septiembre de 1889, en una época muy lejana, mucho antes de que existieran los televisores, las computadoras o los circuitos electrónicos.
El visionario detrás de esta emblemática empresa fue Fusajiro Yamauchi, un talentoso artesano de la ciudad de Kioto, Japón, que decidió abrir una pequeña y modesta tienda llamada “Nintendo Koppai”. Su objetivo original no tenía absolutamente nada que ver con la tecnología moderna, sino con la fabricación y venta de naipes tradicionales japoneses de gran belleza conocidos como hanafuda, un término que se traduce poética y literalmente como “cartas de flores”.
En el Japón de finales del siglo XIX, los juegos de azar que utilizaban cartas occidentales habían sido prohibidos por el gobierno debido a las severas leyes contra las apuestas. Para eludir estas fuertes restricciones legales, se popularizaron las cartas hanafuda. Estas particulares barajas sustituían los clásicos números y palos occidentales por hermosas y complejas ilustraciones de la flora y fauna local, representando magistralmente los doce meses del año sin usar números, lo que las hacía técnicamente legales.
Yamauchi fabricaba cada una de estas cartas a mano, utilizando cuidadosamente la corteza del árbol de la morera para otorgarles un grosor y una textura inigualables. La excepcional calidad de sus ilustraciones y la durabilidad de sus naipes hicieron que su pequeño negocio floreciera con enorme rapidez. Curiosamente, gran parte de su éxito comercial inicial se debió a que sus cartas se volvieron extremadamente solicitadas en los salones de juego clandestinos.
Durante más de medio siglo, la empresa se dedicó casi en exclusiva a dominar el mercado de los naipes en Japón. Fue recién a mediados del siglo XX, bajo el audaz liderazgo de Hiroshi Yamauchi, que comenzaron a explorar activamente otros caminos comerciales. La compañía experimentó con todo tipo de negocios: desde la venta de arroz instantáneo hasta la creación de una red de taxis.
Tras varios tropiezos, finalmente descubrieron su verdadera vocación en el desarrollo de juguetes mecánicos y, luego, en los videojuegos. A pesar de su colosal transformación, el espíritu de 1889 sigue latiendo. El nombre “Nintendo” suele traducirse como “deja la suerte al cielo”, y su misión original perdura intacta más de cien años después: crear pura diversión y ponerla en las manos de las personas.
