
Por: Annie Hernández
Directora General de Change Group Global
Presidenta de Mujeres Empresarias de Alto Impacto (MEAI ASECEM).
Vicepresidenta de Comunicación del Consejo Coordinador Empresarial de Mujeres (CCEM).
Existe un error garrafal en la vieja escuel corporativa: creer que el éxito se mide por cuántos años logras retener una silla de poder.
Durante décadas, los manuales tradicionales de management nos enseñaron que la jerarquía era vertical, incuestionable y que la veteranía era el único boleto válido para opinar. Sin embargo, en las altas ligas de la dirección y la estrategia empresarial moderna, la verdadera grandeza ya no radica en perpetuarse en la cima de un organigrama. Radica en tener la visión, la madurez emocional y la generosidad de abrir paso a las nuevas generaciones.
Hoy, tanto los hombres como las mujeres que lideramos el ecosistema empresarial nos enfrentamos al reto más disruptivo, pero también más gratificante, de nuestra era: aprender a transicionar. Debemos pasar de ser los ejecutores absolutos al mando a convertirnos en los arquitectos estratégicos del relevo organizacional.
El Cliché que Debemos Romper.
Por generaciones nos vendieron la idea de que “la experiencia lo es todo” y que el talento joven debía “pagar derecho de piso” durante años antes de tener voz o voto en un consejo de administración, en una cámara industrial o en una mesa directiva. Qué miopía tan grande. En un mercado global que avanza a la velocidad de la inteligencia artificial, la hiperconectividad, el análisis de datos y los cambios radicales de paradigma de consumo, cerrarle la puerta a la frescura juvenil no es proteger la estabilidad del negocio ni blindar a las instituciones; es, literalmente, sentenciarlas a la obsolescencia y al olvido.
Los adultos que nos encontramos en posiciones de liderazgo estratégico tenemos que entender que nuestro rol principal ha evolucionado. Ya no nos toca jugar todas las posiciones en la cancha ni meter todos los goles; hoy nos toca ser los directores técnicos que arman la estrategia ganadora.
El verdadero Efecto Halo de un líder actual no se nota en cuántas medallas se cuelga al pecho de forma individual, sino cuando su reputación, su solidez profesional y su plataforma de influencia sirven como una pista de lanzamiento para el talento emergente, en lugar de operar como un muro de contención insalvable.
El Relevo de Oro: Mentoría sin Género y sin Ego.
Tanto los grandes capitanes de industria como las mujeres empresarias que hoy movemos los hilos de las cúpulas corporativas y de los consejos de comunicación más importantes del país, compartimos una responsabilidad histórica inevitable: el diseño y la ejecución del Relevo de Oro.
Es fundamental aclarar que abrir paso no significa en absoluto retirarse, claudicar ni deslindarse de las responsabilidades. Al contrario, significa co-crear en tiempo real. Significa tener la audacia de sentar a un joven talento al lado tuyo en la mesa directiva para fusionar de manera inteligente dos mundos: el entendimiento tecnológico nativo, la disrupción y la frescura de ellos, con la templanza, el colmillo legal, la resiliencia y la visión macroestratégica que los años nos han dado a nosotros.
Hay que decirlo con todas sus letras y sin rodeos: un líder que teme ser superado por sus propios pupilos, nunca fue un verdadero líder; solo era un jefe inseguro con un título llamativo en su tarjeta de presentación. Los grandes de verdad, aquellos que transforman industrias completas, aplicamos la máxima de rodearnos de los mejores. Y los mejores, a menudo, vienen en empaques jóvenes, con ideas radicalmente frescas y con un hambre voraz de comerse el mundo. El ego es el peor enemigo de la continuidad empresarial.
La Trascendencia y el Legado de la Evolución.
Desde las trincheras corporativas, gremiales y de medios de comunicación donde nos toca incidir diariamente, la filosofía debe ser tajante: el futuro pertenece única y exclusivamente a quienes saben evolucionar y descentralizar el control.
La verdadera trascendencia en el mundo de los negocios ocurre cuando dejas de ser indispensable para la operación del día a día, porque lograste el éxito supremo: construir un ecosistema sólido de nuevos líderes capaces de llevar tu visión fundacional aún más lejos de lo que tú misma imaginaste.
La mesa está servida y las reglas del juego han cambiado de manera definitiva. Es el momento idóneo para que los hombres y mujeres que tomamos las decisiones de alta dirección dejemos el orgullo a un lado.
Aseguremos el futuro de nuestras marcas, de nuestras empresas y de nuestro país no aferrándonos con fuerza al micrófono, sino pasándoselo con total confianza a la siguiente generación, con la absoluta certeza de que los hemos preparado y cobijado para ganar el juego.
Menos control obsesivo, más legado duradero. Sigamos construyendo el futuro de la mano de los mejores.
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